Atada... (bdsm)

Atada... (bdsm)

La cena transcurre de forma tranquila, pero en mi mente todo da vueltas. ¿Cómo que sumisa? ¡Yo no soy sumisa! ¿Qué significado tendrá para Raúl esa palabra? Por lo menos sé que esta noche no me va a poner la mano encima. Aunque creo que me gustaría que lo hiciera, que me pusiera de rodillas pegada a la pared y me follara la boca como a una vulgar puta.

No sé nada de Brian. Parece un chico bastante tranquilo. Tendrá unos 35 años. Sus cabellos pelirrojos alborotados le dan un aspecto juvenil. No habla demasiado. Quizás disfrute más observándonos.

Sele saca el postre, una tarta 3 chocolates que está riquísima. Después del pescado al horno y las verduras, apetece algo dulce para reponer fuerzas. Termino de comer y me levanto para fregar los platos.

-No, ahora no.- dice Raúl. - Déjalo, mañana viene la Señora de la limpieza.

-Pero sino me cuesta nada.

-No hace falta -repite Raúl. Por cierto, ¿Has pensado en lo que te dije antes, Iris?

-Si. Pero no acabo de entender a lo que te refieres con “alma de sumisa”.

-Lo descubrirás por ti misma.- responde mi amigo bajando la voz, casi susurrando.

-Entonces, ¿Eres Amo?

-Sí, lo soy. A partir de ahora no quiero que me tutees. ¿De acuerdo?

-Si.

-Quiero que me respondas diciendo “Si, señor”

-Sí, Señor.

-Ahora vamos a hacer unas pequeñas pruebas. No tienes por qué estar nerviosa. Serán cosas sencillas.

Asiento con la cabeza. Tengo curiosidad por saber qué es lo que va a pasar.

-No eres mi sumisa. Sé tu misma. Si algo te molesta quiero que me lo digas. Pero sólo puedes hablarme a mí. ¿Lo entiendes?

-Si, Señor. Lo entiendo.

-¿Entiendes qué podemos parar cuando quieras y que te puedes ir en cualquier momento?

-Sí, Señor.

-De acuerdo. Empecemos entonces. Quiero que te arrodilles con las piernas abiertas.

Me arrodillo sin dejar de mirarle a los ojos. Raúl me dice que no le mire, que quiere verme con la mirada baja. Abandona unos segundos la sala, regresa con una venda negra en las manos.

-Sele, ponle la venda alrededor de los ojos. Aprétala bien. No quiero que vea nada.

-Iris, a partir de ahora no verás nada. Quiero que te centres en sentir. No seré demasiado duro contigo. Recuerda que sólo serán unas pruebas.

Escucho cómo Raúl se aleja y le dice algo a los otros susurrando. Alguien me pone un cojín debajo de mis rodillas. Oigo pasos alejándose. No me atrevo a decir nada pero creo que me han dejado sola.

El corazón me empieza a latir desesperadamente como si quisiera salirse de mi pecho, hasta que llega un momento en que me tranquilizo y confío en lo que el destino me quiera deparar esa noche. Empiezan a dolerme las rodillas. No sé cuánto tiempo ha pasado. ¿Se habrán olvidado de mi?

-Veo que sigues tal y como te deje. Voy a ponerte un collar. Será la única vez que sientas mis manos esta noche. El resto lo harán Brian y Sele.

-Quiero ver.

-Prefiero que no veas nada, Iris. Pero si te sientes más cómoda te quitaremos la venda.

-Sí Señor, por favor.

-Vale. Pero si te quito la venda, me tendrás que dar algo a cambio.

Pienso que cualquier otra cosa puede ser mejor. Respondo asintiendo con la cabeza. Sele me quita la venda y por fin, puedo ver.

Raúl le hace un gesto a su novia y ella viene con unas pequeñas pinzas unidas entre sí por una finísima cadena.

-Brian, ¡ponselas!.

-¿Dónde?

-Donde tu quieras.

Brian se acerca hacia mí con una sonrisa pícara y juguetona, aprieta uno de mis pezones hasta que consigue que se ponga erecto. Entonces se lo acerca a la boca y lo muerde.

-Augh, ¿Pero qué haces?

-Putita desobediente, te he dicho que sólo puedes hablar conmigo. -El Amo hace una pausa que parece eterna. Luego, le hace señas a su novia. Sele viene con unas cuerdas.

-¡Átale las manos detrás de la espalda Brian!

-Pero...

-Esta putita desobediente tiene que aprender a cerrar la boca.

-Yo no quiero atar a nadie. No era lo que habíamos hablado.

-Entonces lo haré yo. Puedes irte si quieres, o quedarte aquí en silencio y luego vemos si mi putita se merece que la folles.

Me siento impotente con esas palabras. Estoy inmóvil, paralizada, ante aquel hombre. Es como si me estuviera vendiendo, algo que me molesta y me excita a la vez. Pero no me atrevo a decir nada.

-Necesito que me mires a los ojos, Iris. Las normas han cambiado. Brian no quiere ayudarme en la educación de mi perrita.

Esas palabras del Amo suenan como una melodía para mis oídos. Quería que se dejara de juegos y me follara ahí mismo, delante de todos.

-¿Quieres ser mi modelo de cuerdas?

-Sí, Señor.

El Amo va a buscar unas cuerdas diferentes, algo más gruesas que las otras. Cierro los ojos e intento no pensar en nada mientras me dejo llevar a su antojo. Siento las cuerdas alrededor de mis piernas, de mi torso desnudo, de mis pechos, de mi coño…. Pero no me atrevo a abrir los ojos. ¡Es como una cárcel de cuerdas! ¿En serio me va a hacer tantos nudos? Intento luchar contra mi misma. La situación me tiene muy excitada y no entiendo porqué.

-Abre los ojos- dice Raúl mientras me da un beso dulce en los labios.

Los abro y me doy cuenta de que Brian se ha ido. Volvemos a estar solos los tres. El Amo me dice que lo he hecho muy bien y que le puedo mirar a los ojos el resto de la noche si quiero.

-¿Estás cómoda? Te soltaré algunos nudos aunque estás preciosa. Quiero atarte a la cruz de San Andrés.

Le miro a los ojos sonriéndole. Selena se arrodilla frente a mí. Yo abro las piernas instintivamente. Con su lengua recorre mi sensible anatomía. Siento un escalofrío. Ella se detiene. Raúl la agarra del pelo y la separa de mí.

A los pocos minutos estoy atada en la cruz deseando correrme. Pero intento ocultar mi deseo. Aunque mi coño está empapado. Estoy ansiosa, necesito que Raúl me toque.

-Bien, veamos tu tolerancia al dolor.

-¿Dolor? -pienso para mí misma sin poder articular palabra.

-Empezaré suave e iré aumentando gradualmente la intensidad según tu respuesta ante el dolor. ¿Entiendes perrita?

-Entiendo Señor.

Raúl comienza pellizcandome los labios vaginales. No le aparto la mirada. Tiene una mirada muy intensa, penetrante. Es como si me desnudara el alma, como si fuera suya.
No me duele demasiado así que él continúa apretando mis labios más fuerte. Me quejo. Él abre su mano y me da pequeños golpes secos en el coño. Al poco, me corro mojándole la mano.

-¿Te he dado permiso para correrte, perrita?

-Lo siento, Señor.

-Te lo perdono porque no te lo había dicho antes. Pero tendrás que pedir permiso para correrte. Tus orgasmos me pertenecen ahora.

-Sí, Señor.

-Te dejaremos unos minutos sola para que reflexiones sobre ello.

Sele y Raúl salen de la habitación. El tiempo pasa muy lentamente. Tengo ganas de ir al baño, pero estoy totalmente inmovilizada, así que aguanto como puedo las ganas de orinar.

Al rato viene Raúl. Le pido por favor que me desate para ir al baño. Él me contesta que me lo haga encima. Le miro con desconcierto. Parece que no está dispuesto a soltarme.

-Si lo haces, te dejaré ir. Sino continuaremos un poco más.

Estoy mentalmente agotada y quiero irme a casa. Cierro los ojos intentando concentrarme pero me cuesta.

-No luches contra ti misma. No pasa nada. ¡Házlo!

Finalmente me hago pis encima aunque me muero de la vergüenza.

Raúl me desata, liberándome totalmente. Me doy una ducha y llamo a mi amigo David para que me venga a buscar. Me despido de ellos y me voy.

Llego a casa agotada. Me acuesto en la cama y me quedo dormida a los pocos minutos.

Publicado por: misteriuswoman
Publicado: 11/11/2018 15:33
Visto (veces): 390
Comentarios: 4
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Comentarios (4)

papicocacola46 | 05/12/2018 20:45

impresioinante relato, me parece que soy yo el que lo vivio enhorabuena

picameelojo | 28/11/2018 15:36

Impresionante como lo relatas! Parece que lo vivo

curiosete | 14/11/2018 20:53

Esperando la siguiente entrega...

ninopolla-20 | 12/11/2018 00:13

Esto es como ver porno pero leyendo, increíble! Y una vez más felicidades por esto que acabas de escribir

misteriuswoman | 12/11/2018 09:06

Me entretiene escribir... Me alegro que te haya gustado :)

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