Sueño de una tarde de invierno.

Sueño de una tarde de invierno.

El camino a la playa no fue fácil, como siempre.

Apenas unas diez personas compartían playa con nosotros. En pleno invierno y a las cinco de la tarde, es lo normal aunque el día había estado muy bueno.
La playa totalmente orientada al sur, la montaña de arena a nuestra espalda, el mar limpio de un color que incita a bañarse.

Dejamos las cosas en la arena clara, cerca de la orilla. Una mochila con un tente-en-pie, agua, un pareo muy grande y dos toallas.
Dejamos nuestra ropa a entre nuestras cosas y, entre risas, desnudos, nos dirigimos al mar.

En los pocos metros que nos separaban de la orilla, me dio tiempo de retrasarme para disfrutar de ver su cuerpo desnudo.
Se paró al sentir el frio, o quizás, para esperarme por mi.
La marea no está muy alta, el oleaje es leve, prácticamente no hay viento.
Nos tiramos de cabeza aprovechando la llegada de una de esas pequeñas olas.

Buscamos deliberadamente acercarnos, nuestros cuerpos se rozaron, mi muslo con sus nalgas, su pecho con mi brazo.
No la dejé escapar, la tome suavemente con una mano de la cintura, la acerqué hacia mí.
Un beso casi tímido en la cara, se rozaron las comisuras de nuestros labios.
Me tomo entre sus brazos rodeando mis hombros, los míos guiaban mis manos a sujetar sus caderas.

Mientras nos besábamos, la acerqué hacia mí, el agua y el frio creo que afectaban de buena forma a mi erección.
Me hizo saber que la notó, con el sutil "como estamos" que salió de su boca.

Dejé su boca, para besar la parte alta de sus pechos, mi mano izquierda paso a sus lumbares y la derecha a sujetar su precioso pecho y guiar su pezón a mi boca.
Mi pene ya colocado a la entrada de su vagina. Ella dejo atrás mi decisión de esperar a entrar, hizo fuerza para metérselo dentro.
Estoy seguro que como yo, siente las paredes de su vagina dilatándose a mi paso; noto como se estremece.

Se nos paso el mundo entre besos y, toqueteos mientras me cabalgaba, yo de pie, soportando el leve vaivén del mar, ella, flotando en el agua clavada en mi. Cuando nos dimos cuenta se estaban retirando los últimos de los bañistas, oscurece antes y, lleva un tiempo llegar por el barranco hasta el coche.

Tampoco es cuestión de agruparnos, fuimos a por las toallas, salí, como estaba, nadie que mirase o se asustase.

Nos secamos lo mejor que pudimos, nos pusimos unas camisetas, dejando al aire todo lo demás. Compartimos un bocadillo y agua.
Pronto anochecería, pero nos dejamos llevar de los besos, acaricié su cuerpo, baje a beber de su fuente a comerme su fruto, desesperado, la deseo.
Giró su cuerpo y, busco acomodarse matemáticamente. Nos vimos retorciéndonos en un sesenta y nueve.

Detuve el momento, la incorporé, solo para ponerla mirando al mar. Desde atrás, volví a tomarla por las caderas, esta vez yo empujé, hasta que mis testículos tocaron sus nalgas, la primera embestida, lenta, saboreándola y dejando que lo hiciera ella. Fui incrementando el ritmo, me ponía como loco ver sus generosos pechos colgando y moviéndose dentro de su camiseta.

No hay mucho tiempo, se que se ha corrido, se que puede seguir, se que desea el premio, sé cual es y donde lo quiere.
Estoy a punto de estallar, la aviso, sabe que puedo controlar, despacio se saca mi pene, se pone de rodillas, se coge los pechos con sus manos, los estruja y, recibe mi corrida entre ellos.

Tras coger resuello los dos abrazados, la ayudo a extendérselo por su torso, nos vestimos y, se lleva su trofeo a casa, después de mucho tiempo.

Publicado por: saber-estar
Publicado: 25/02/2019 12:47
Visto (veces): 642
Comentarios: 3
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Comentarios (3)

rjmencey | 26/02/2019 20:50

Divertida tarde de playa

aratru | 26/02/2019 19:31

Espectacular... muy bueno.

mismo | 26/02/2019 10:21

Muy calido y excitante

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