Eventualidad

Eventualidad

Hasta que por fin llegó el día, después de semanas esperando a la mensajería, hoy han llegado mis pedidos. En el momento que me los entregan dentro de sus envoltorios puedo llegar a sentir con las yemas de mis dedos los relieves de los encajes haciendo surcos en el embalaje. Firmé cuanto necesitaba el repartidor de mí y volví a mi puesto de trabajo, mientras caminaba hacia mi escritorio las voces curiosas de mis compañeras se lanzaban a preguntar por el contenido de lo que me había llegado, ni caso les hice mientras dejaba a buen resguardo los paquetes dentro de uno de los cajones de mi escritorio y como si nada hubiese pasado continué trabajando, ahora ya no con la mente pendiente en saber cuándo tardarían en llegar sino de tener la oportunidad de sacar el móvil y escribirle: "Han llegado!!, ya están aquí. ¿Dime que día te viene mejor que te los alcance? “. Acto seguido guardé el móvil, el trabajo demandaba mi atención, al poco tiempo, pasada ya la hora, revisé el móvil y tenía mensajes de ella, eran mensajes de saludos, alegría y de ganas de poder tener esas prendas encima de su piel, me dijo que mañana por la tarde los podría dejar en la dirección de su trabajo, como habíamos acordado, así que los mantuve en mi cajón hasta el día siguiente. Los guardé en otra bolsa de correos, ya ese día, al salir de trabajar preparé todo para poder entregárselos.

Después de conducir por media hora llegué a la dirección indicada, me extrañó ver que se encontraba cerrado el local, me desconcertó un poco y le escribí, me pidió disculpas porque hubo un cambio de planes en su trabajo a última hora y ha cambiado el horario de esa tarde por una compañera, que si no me importaba acercarme hasta su casa, pensé : " para nada", y me facilitó la nueva dirección, a lo que luego después de un "hasta ahora" conduje un poco más pero cerca, sin poder encontrar plazas para aparcar decidí dejar el coche en una zona de carga y descarga cerca de la puerta, me acerco al telefonillo y presiono el botón del número del piso que indica la pantalla de mi móvil, escucho mi nombre en forma de pregunta a lo que después de responder con un sí e intentar iniciar una pregunta su voz me interrumpe con un "sube" y acto seguido se contrae el pestillo de la puerta que deja entreabierta la misma indicándome el camino a seguir, a medida que subía por las escaleras remiraba el móvil para confirmar el número del piso, al llegar la puerta me doy cuenta que estaba levemente entreabierta, era el número del piso ninguna otra puerta del rellano estaba abierta, mi curiosidad dio dos golpes de nudillo a la madera de la puerta y este último la empujó un poco solo para que mi cuerpo pudiese entrar sin rozar por la abertura, mis ojos barrieron el interior del piso pero no vi figura humana alguna, lo que sí percibí fue un fresco olor, ¿perfume podría ser?, ¿Que fragancia era esa?

Me desconcertó un poco porque era un olor suave, delicado y con un toque de humedad. Entro con disimulo mientras exhalo un "hola?!“, fracciones de segundos después escucho su voz, proveniente del interior del piso, oigo que me dice que me ponga cómodo que en breve sale, pero sigo caminando por el piso con cautela y sigilosamente, nunca había estado en ese lugar y mis ojos intentaban observarlo todo, la curiosidad me hizo caminar un poco más y salir del recibidor, había un pasillo justo delante de mí el cual me llamó mucho la atención ya que aquel olor venía en aquella dirección, me acerco a la esquina del pasillo y al fondo del mismo se encontraba un baño, la puerta del mismo estaba entreabierta, camino un poco más, solo un par de pasos dentro del pasillo hasta que el movimiento de un cuerpo aparece de repente dentro del aquel baño tapado con dos toallas, una al cuerpo y otra sobre la cabeza me hacen detener en medio del pasillo de golpe, era ella, se estaba mirando frente al espejo del baño, no llegaba a ver todo su cuerpo solo aquel rectángulo que la apertura de la puerta me dejaba ver, vi cómo se quitaba la toalla de la cabeza que le había secado el pelo y la ponía sobre el lavamanos, fue dejar la toalla y se quedó inmóvil por un instante, el mismo que duró hasta que solo su cabeza giró lentamente hacia su derecha y con el rabillo del ojo me miró, alcancé a esbozar el reflejo de una sonrisa en su rostro mientras continuaba mirándome, sabía que estaba allí, de pie, en medio de su pasillo viéndola como se desmelenaba.

Dejó de mirarme para verse nuevamente en el espejo y mientras peinaba su pelo me preguntó: "¿tú sabes dar masajes? ¿No? Porque realmente ahora necesito uno". Me acerqué al baño sin titubeo dejando los paquetes que traía en mis manos sobre un mueble del pasillo que ya había dejado atrás, le dije: "sí, hasta ahora a todos les ha gustado los masajes que he dado" mientras mis manos se posaban sobre sus hombros. Su piel continuaba húmeda de la ducha lo que facilitaba que mis pulgares masajearan su nuca, estaba de pie justo detrás de ella, mis dedos recorrían su cuello de abajo a arriba y las palmas de mis manos amasaban sus hombros, noté un poco de tensión en esa parte de su cuerpo mientras que dejé de ver su rostro reflejado en el espejo el cual no se terminaba de desempañar por completo, alcancé a escuchar como exhalaba con cada masaje que aplicaba y dejó caer su cabeza hacia un lado, movió sus brazos y el único sonido que escuchamos a continuación fue el golpe en el suelo de la toalla que rodeaba su cuerpo. Mi respiración se cortó por un minuto, justo debajo de mis manos pude ver su espalda totalmente desnuda y llena de esos lunares que parecen constelaciones al infinito, mis ojos no dejaban de recorrer su espalda hasta llegar a sus lumbares y ver ese precioso culo que yacía envuelto en una fina lencería de encajes negros, eran el marco perfecto para aquella obra de arte, a todo esto me percaté que hace tiempo que había dejado de darle masajes en el cuello y me mordía los labios contemplando esa parte baja de su espalda, ella escuchó claramente como mi garganta tragó un poco de saliva.

Mis manos dejaron de apretar su trapecio y comenzaron a bajar lentamente por su espalda, solo era el roce de la yema de mis dedos los que iban dibujando curvas entre sus lunares hasta que coloqué mis dos manos a cada lado de su cadera con los meñiques entres piel y su ropa interior. Solo pude decir :"es más impresionante que en fotos", a lo que me respondió un "no es para tanto" y aproximé mi rostro a su oído para decir en un susurro "sí que lo es" y besé suavemente su cuello justo debajo de la oreja, continué besando lentamente, palmo a palmo, mis labios se hundían en su piel, se recogió parte del pelo que le caía por un lateral con la intención que continuara besándole esa otra mitad que mi boca no había explorado, fui besándola hasta ir bajando por su hombro, su parte alta de la espalda, lunar que veía lunar que besaba, podía sentirlos en mis labios, su piel olía a frescor y a ternura, seguía bajando la latitud de mis besos, a la altura de su cintura me provocó darle un primer bocado, un leve mordisco, me moría por probarla, por sentir su cuerpo en mi boca, ella espetó un leve jadeo, me arrodillé delante de su cuerpo, mis manos cayeron lentamente por los laterales de su cadera y de sus piernas, estaba allí con mi cara delante de ese precioso culo, tuve que inspirar fuerte, para intentar calmar los latidos de mi corazón, seguí besándole la piel, sobre esos dos hoyuelos que se le forman en la parte baja de la espalda, por encima de su glúteo, bajando a besos subiendo en calor corporal, crucé mi rostro sobre la otra nalga y le asesté otro buen mordisco, cuando de repente siento sus glúteos presionándome el rostro, era ella, iba inclinando su tronco hacia delante y sacando la cadera hacia atrás, dejó ver su entrepierna, era un triángulo perfecto, podría ver como sus labios vaginales se mantenían dentro de aquella coqueta lencería, prácticamente había puesto el tronco en la horizontal apoyada en el lavamanos, su entrepierna me llamaba, me temblaba el pulso al llevar mis manos a la lencería para írsela quitando muy suavemente, justo por debajo de las nalgas me detuve, sabía perfectamente cómo hacerla disfrutar, sabía que a partir de ese momento ya no sería yo, me transformaría en ese sentimiento visceral de entrega y placer que me controla, me humedecí mis labios con mi lengua y terminé de despojarla del único trozo de tela que quedaba en ella, podía ver toda su vulva, los pliegues de sus labios y un leve brillo de humedad, emanaba calor de ese rincón y justo sobre ese manjar estaba su ano, divinamente redondo. Acerqué mi lengua a esa parte y empecé a dar pequeños lametones alrededor de él, pasaba de abajo a arriba, describía círculos con la punta de mi lengua alrededor de él, hurgaba entre los pliegues y mordía parte de su carne con bocados grandes que abarcaba casi media nalga, estaba flipando, yo ya estaba empalmado, creo que apenas entrar en ese baño ya lo estaba. Alejé mi rostro de su cuerpo y con ayuda de mis dos manos cogí casi por completo sus nalgas, deliciosas, perfectas... Mis pulgares casi se tocaban entre sí y justo de tras de ellos su entrepierna, separé suavemente sus glúteos con la palma de mis manos y con mis pulgares pellizqué hacia fuera lo que alcanzaba a abarcar de su entrepierna para dejarme el paso libre a esos labios que ya goteaba tímidamente su dulce néctar. Mi lengua ancha y larga se introdujo en aquel perfecto triangulo y como si de un tsunami se tratase le di el primer gran lengüetazo, mis papilas chocaron contra su labios inferiores, su cuerpo se estremecía a medida que mi lengua recorría su nie, sí, el nie, nie es la vulva ni es el ano, ese lugar maravilloso que te da juego entre ambos caminos, hasta que ese primogénito lametón terminaba con mi lengua presionando su ano. Divino, apetecible, mi paladar se empapó de ella, sus fluidos ya corrían por mi garganta, tenía sed, sed de ella. Mi lengua repasaba una y otra vez sus labios cálidos y carnosos, de abajo a arriba, una y otra vez y de arriba a abajo, a veces lento presionando mi lengua y otras rápido y fugazmente, mi nariz yacía entre sus nalgas, sus fluidos me empapaban el mentón, mis manos sujetaban fuerte de su cadera intentado controlar los movimientos involuntarios de su cuerpo.

De repente, su piel se separó de mí cara, se irguió, exhaló un profundo suspiro a la vez que apoyaba sus manos a cada lada del lavamanos. Se giró y quedó frente a mí, yo continuaba arrodillado delante de ella, clavó sus ojos en los míos, estaban inyectados de placer, almendrados y brillantes, levantó su rodilla derecha rozándome primero el pecho y luego con el empeine de su pie me frotaba mi pene que estaba duro y se podría apreciar su grosor, sus ojos seguían mirándome mientras me continuaba acariciándome de esa manera tan viciosa, fueron segundo que parecieron eternos cuando esbozó en su rostro una pequeña sonrisa traviesa y sus ojos se inyectaron de más deseo aún, si cabe, me empujó con la rodilla, caí espalda sobre el suelo con las piernas flexionadas sorprendido pero ella empezó a caminar sobre mí, alrededor puso sus pies a cada lado de mi cuerpo sin desconectar la mirada, lentamente pies tras pie, llegó a la altura de mis hombros, me miró desde arriba, imponente, dominante. Giró la cabeza hacia abajo y empezó a bajar su cuerpo lentamente flexionando las rodillas, sus ojos no dejaban de mirarme, bajaba su vulva directamente a mi rostro, a mi nariz, a mi boca, éramos un ángulo perfecto a 90 grados, me cogió del pelo con sus dos manos presionando mi cabeza contra su cuerpo a medida que hacía movimientos de vaivén hacia delante y hacia atrás sobre mi mentón, sobre mis labios, sobre mi nariz, empapándome aún más las mejillas. Podía escuchar cómo se aceleraba su respiración, sus jadeos iban in crescendo, mis manos se apresuraron a sujetarle las nalgas y acompasar aquella suculenta danza que disfrutaba sobre mí. Sentía cómo flexionaba la espalda, el movimiento de cadera hacia que su clítoris chocará contra mi mentón, contra mis labios, contra mi nariz, hasta contra mi frente, no quedo lugar en mi rostro que no estuviese ella. Los gemidos se hicieron cada vez más fuertes, soltó mi pelo y se sujetó al marco de la puerta dónde yo estaba tumbado y lo cogió como punto de apoyo para subir y bajar lentamente sobre mi nariz mientras yo sacaba mi lengua y sentía como rozaba su ano, mi nariz se introducía hasta lo más profundo de sus labios mojados, húmedos, calientes, hacía círculos sobre mi rostro, con movimientos inclinados, de vaivén y en zigzag a destiempo, así se corrió dos veces, se lo escuché decir entre jadeos entre ese tono dulce de su voz sensual, delicado, tierno y excitante las veces que se iba. De repente dejó de moverse y el peso de su cuerpo lo mantenía mi rostro, sus brazos ya no mantenían el marco de la puerta sino yacían aletargados a cada lado de su cuerpo descansando como en un trance breve, respiraba muy profundamente intentando que entrase más aire en sus pulmones del que salía, tragaba saliva y aun así notaba pequeñas vibraciones en mi nariz, era su clítoris.

Su cuerpo relajado empezó a pesarle y muy lentamente fue sentándose hacia atrás, pude ver su rostro, tenía los ojos cerrados, murmuraba pero no entendía lo que decía, poco a poco iba sentándose en mi abdomen, el pelo le tapaba parte del rostro, mis brazos estaban entre mis costados y sus piernas, aproveché para quitarme la ropa inferior y quedarme sin bóxeres, me costó un poco debido a la erección, mi miembro quedó alineado con su cuerpo, hasta que se sentó sobre él, lo sintió duro y tieso entre sus labios mojados, seguía sin abrir los ojos, verla así, relajada, desnuda, corrida fue un placer. Mis brazos que pasaban por debajo de sus rodillas me ayudaron a incorporarme, poco a poco me fui sentando en el suelo con ella encima de mí, mientras la sujetaba por la espalda con mis manos, sus brazos rodearon mi cuello y lentamente me puse de pie, la cargué en brazos, su cuerpo estaba pegado al mío, nuestros sexos se rozaban tímidamente hasta ponerme totalmente de pie. Con mis brazos comencé a levantarla unos pocos centímetros haciendo que mi glande se mojara en sus fluidos que empapaban toda su entrepierna, bajaba su cuerpo despacio sintiendo como mi glande se iba abriendo camino entre su vulva, poco a poco con cada pequeña elevación que hacía de su cuerpo, sentía como su clítoris se restregaba con mi frenillo y me quedé un instante en esa posición sin moverla para solo con el movimiento de mi cadera frotarme con su punto más sensible, ya sentía todo mi pene humedecido por ella, su cuerpo no me pesaba, toda mi atención estaba en mi sexo y en sentir la calidez de su piel pegada a mi cuerpo, poco a poco, roce a roce empezamos a jadear suavemente a la vez, ella se aferraba más a mi cuello. Separé un poco mi miembro de su sexo solo para alinearlo delante de su vagina, sentía como sus labios rodeaban mi glande y sus jadeos empezaron a ser las fuertes, mi respiración más profunda, poco a poco fui entrando en ella, se hizo un silencio, ambos estamos sintiendo ese momento con expectación, primero entró la cabeza de mi miembro sin ninguna dificultad y empecé a sacarla lentamente y a meterla cada vez un poco más dentro de ella, repetidas veces, entre nuestros jadeos se escuchaba el sonido de encharcamiento que generaba cada penetración, ya tenía toda mi polla mojada de ella, sentía hasta el abdomen húmedo, fue cuando la saqué por última vez lentamente y me quedé con mi miembro delante de ella, sin hacer ningún otro movimiento, se creó una silenciosa tensión, solo estaba esperando que su cuerpo me demandase más para darme un gustazo, ella notó que me había detenido y no le gustó, empezó al cabo de poco segundos de inactividad a mover su cadera con la intención de volverme a sentir dentro de ella pero yo se lo impedía, me gustaba hacerla sufrir en ese momento, al pasar varios intentos y percatarse que no había contacto de nuestros sexos incorporó su cabeza desde mi hombro hasta frente a mi rostro para mirarme a muy escasos centímetros con una expresión de impaciencia, era el momento que esperaba, nos estábamos mirando nuevamente y volví a poner mi glande entre su sexo, sus párpados se relajaron pero su rostro cambió cuando de repente sintió que la penetré de una sola embestida con un brusco movimiento de cadera, sus ojos se agrandaron y gimió de placer, nuestros vientres se tocaron, estaba todo dentro de ella y se sentía maravilloso. Yo me mordía los labios al ver que gemía y empecé a penetrarla una y otra vez fuertemente y con muchas ganas, sus gemidos pasaron a ser gritos y chillidos y eso a mí me ponía aún más caliente con lo cual las penetraciones que sentía eran cada vez más profundas, nuestros cuerpos chocaban con ímpetu y ese sonido como de aplausos se mezclaba con nuestros gemidos. Mirándome a los ojos, con la mirada relajada y su cabeza moviéndose me dijo "Para. Ahora quiero que me la metas por el culo", me detuve, apoye su cuerpo sobre el lavamanos, me separé de ella lo justo para que mi miembro saliese de su vagina, su mano derecha la estaba esperando para sujetarla fuerte y redirigirla a los pliegues del ano, dejó su mano como guía de camino y me dijo "sigue" y la sensación de irme adentrándome en su culo me sobrepasó, se sentía muy rico, más apretado y más caliente, al sentir que ya había entrado gran parte de mi llevó su mano desde mi miembro hasta mi espalda y presionó mi cuerpo contra el suyo con la intención que no quedase nada por fuera, se me caía la baba del gusto de estar dentro de ella, y ella se seguí corriendo mientras gemía en mi rostro, al estar su cuerpo descansando sobre el mueble del baño puede metérsela muy profundo, gemía entre dolor y placer, me apretaba la piel con las manos, sudábamos los dos, estábamos en un torbellino de placer, aun no puedo llegar a explicar el gran morbo que me suscita ella, es una gran amante y por fin nos estábamos conociendo de verdad.

Publicado por: sexcy
Publicado: 31/10/2020 09:43
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Comentarios: 1
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Comentarios (1)

chinga | 01/11/2020 10:29

espectacular relato. pero me quedé con la intriga de que llevaba los paquetes que le ibas a entrgar

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