La metamorfosis a diablo

La metamorfosis a diablo

Viendo al fondo del cenicero, lo vi. Vi esa oscuridad que siempre está, pero a veces los destellos de luz no dejan verla. Pero está. Es raro el escalofrío que sentí en mi vientre, una de esas sensaciones que difícilmente se repiten en la vida. Energía color sepia, como las cosas que están guardadas en lo alto del armario donde guardas tu verdadero yo.
Y la verdad, que me golpeó directamente en la cara, dejándome aturdido; ¿será posible que Yo… y antes de seguir pensando, me levante. Levante el vaso y bebí el último trago que quedaba. Levanté mi cuerpo de la silla y caminé, me gire a despedirme del camarero de la barra y salí. Las luces en movimiento y la calma de la noche me acompañaron hasta que llegué a aquella puerta donde estabas. Aquella chaqueta de cuero gastada y las deportivas ochenteras. Y yo enfundado en mi disfraz de normalidad y apariencia. Buscabas algo en el suelo, habías perdido tu pasaje al paraíso. Mis ojos se inyectaron en sangre, estabas en cierta manera perdida. Mi boca enseguida salivaba como un perro hambriento. Saqué un chicle de mi bolsillo, y tus ojos se tornaron inmensos. No se que te hizo pensar que era para ti, me dijiste que si no me importaba compartirlo contigo, y te ofrecí una parte. La aceptaste y sonreíste. Y al iluminar el ambiente con tus gesto, vi lo que buscabas, te pusiste tan contenta que saltaste de alegría y como me pillaba de camino fuimos juntos, y al llegar me dijiste, este es mi paraíso, ven a verme cuando quieras.
Te deje ahí y seguí mi camino.
A la noche siguiente en el sendero oscuro que nadie se atreve a atravesar, donde las nubes de humo salen del suelo, de nuevo te encontré. ¿Qué haces aquí?, preguntaste. Y respondí que ese era mi lugar favorito para pensar mientras voy camino a mi hogar, y quisiste acompañarme, te advertí que era un camino largo pero no te importo. Y al llegar a la puerta de fuego, te deje pasar. Bienvenida, este es el fuego que me rodea, este es el rojo que me tiñe el alma y este es el negro que viven conmigo. Y de repente sentí como mi espíritu dejó de quemarse y todo aquel fuego, aquel rojo y aquel negro, ahora me abrigaban.
Y en la palma de tu mano apague mi cigarrillo, en tu cara derrame el último trago de mi copa y apague el fuego de mi puerta con tus lágrimas. Ahora podemos salir y entrar siempre que queramos.

Publicado por: dclxvi
Publicado: 15/11/2020 10:41
Visto (veces): 160
Comentarios: 2
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Comentarios (2)

dclxvi | 19/11/2020 13:43

Pretendía subir más cosillas, pero esta gente de la página no está por la labor de dejarme llegar a nadie. No me suben los relatos, no me dejan abrir foros, ni intercactuar con nadie. No entiendo nada

mistercat | 15/11/2020 15:05

Me cago en diez... ¿Qé es esto? Es muy bueno. ¿Es realmente tuyo, dclxvi?

dclxvi | 16/11/2020 05:21

En efecto, lo es. Gracias

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