Necesito aparcar dentro

Necesito aparcar dentro

“Necesito poder aparcar dentro”. “Claro, sin problemas, avísame cuando llegues”. Esta había sido toda nuestra conversación durante ese día.

Al llegar al parking, le dejé una llamada perdida a modo de aviso y unos minutos después se estaba abriendo la puerta del garaje. Entré con el coche y me dirigí directamente a su plaza de aparcamiento, y allí estaba ella, esperándome.

Vestida con un top sin sujetador (los pezones fuertemente marcados en la tela lo gritaban al mundo) y una faldita corta, como de esas de jugar al tenis, era cuanto vestía. Estaba impresionante y lo sabia, se notaba en su manera de moverse, en su forma de esperarme, me estaba retando.

“Ya que estamos aquí, me echas una mano a sacar un mueble del trastero”, me pidió al bajarme del coche.

Los nervios, la intriga, el deseo, la duda, la lujuria, el valor y el miedo, peleaban por dominar mi mente y mis actos.

Abrió la puerta del trastero y encendió la luz portátil, mientras comenzaba a caminar por dentro, como ignorándome. Pero ambos sabíamos lo que de verdad deseábamos y aunque era difícil resistirse, más duro me parecía no aprovechar aquella oportunidad. El morbo de estar en el trastero, el peligro de ser descubiertos, la clandestinidad de aquel encuentro y la química sexual que nos unía, amplificaban las sensaciones.

De repente la cogí por la muñeca y tiré de ella, obligandola a girarse hasta que nuestros labios se juntaron y comenzamos a besarnos. Nuestras manos recorrían los cuerpos, que tanto conocíamos, buscando los puntos más sensibles.

Tiré con fuerza de su top y dejé al aire sus pechos, que altivos y con los pezones completamente erizados recibieron las caricias de mis labios, de mis dientes y mi lengua. Sus manos se dispararon entonces hasta mi pantalón y liberaron mi polla, que dura como una piedra, salió disparada como un resorte.

Cuando Aroa la cogió para masturbarla, yo decidí cambiar el tercio y cogiéndola por el pelo la obligué a ponerse de rodillas delante mía.

Con mi polla, que henchida y caliente esperaba la caricia de sus labios, comencé a follarle la boca como un loco, sabiendo que con cada nuevo empellón, Aroa se ponía más cachonda.

La visión de Aroa de rodillas, delante mio, con mi polla enterrada hasta su garganta, sacándola solamente al sentir su arcada, la saliva que se acumulaba en mi miembro por la profundidad y la intensidad de aquella follada bucal, sus pechos liberados de la ropa, con sus pezones duros por la excitación, hacían que cada vez mi follada fuera mas rápida e intensa.

Tampoco iba a aguantar mucho en aquella situación, así que la incorporé cogiéndola por los hombros, marcando mis dedos en su piel por la fuerza del agarre, provocada sin lugar a dudas por la excitación de la follada de boca que acababa de regalarme Aroa.

La hice girar, dándome la espalda, la doblé hacia delante hasta que pudo apoyar sus manos en la lavadora que aun guardaba en su trastero.

El espectáculo era increíble. Su sexo henchido de deseo, palpitante de excitación, brillante por los jugos que destilaba, únicamente pensando en que iba a penetrarla.

Pasé mi mano por su vulva, lentamente, haciéndola sufrir, gemir de impaciencia, separando sus labios mayores y dejando vía libre a mi miembro.

Y cogiéndome a sus caderas, se la clavé hasta el fondo. Como tanto nos gusta, de un solo golpe, sin dulzura, salvaje, sin compasión, intenso, único y placentero.

Tan placentero, que Aroa se deshizó en un orgasmo salvaje que la llevó a tener que morderse el brazo para no chillar como una loca aquel clímax que inundaba su sexo de humedad y calor.

Una y otra vez entraba en ella y volvía a salir, cada vez más deprisa y cada vez más fuerte. Aroa intentaba no chillar, pero no podía evitarlo, cada vez llegaba más dentro de ella. Mi pelvis chocaba con sus glúteos haciendo vibrar todo su cuerpo como si fuera un flan, mientras mis testículos golpeaban su vulva, produciendo pequeñas descargas en su clítoris.

Apenas conseguía mantener la postura, comenzaba a desmadejarse entre mis manos, pero yo, aferrado a sus caderas continuaba bombeandola salvajemente.

Tres orgasmos habían surcado ya su espalda. Cuando follábamos conseguía encadenarlos. Había conseguido manejar los ritmos para hacerla correr una y otra vez. Aumentaba súbitamente la velocidad de mis acometidas y cuando el clímax inundaba su sexo me ralentizaba para dejarla descender lentamente, pero nunca del todo.

Cada vez estábamos más calientes y cada vez le daba más fuerte y más deprisa, una y otra vez. Yo ya no podía más, la mezcla de toda aquella situación, el sonido de nuestros sexo, la fuerza de mis embestidas, mis dedos marcando su piel allí donde unas nalgadas habían quebrado el silencio del garaje, todo ello estaba desatando a Aroa, dejándola una y otra vez a las puerta del orgasmo, pero sin dejarla llegar aún, deteniéndome justo cuando su cuerpo se tensaba por el estallido que se avecinaba.

Por su gemido profundo y continuado, supe que cabalgaba en pos de su orgasmo, y me concentré en aquella sensación de plenitud que mi polla llenando su vagina me transmitía y me dejé llevar con ella, estallando junto a Aroa en un orgasmo salvaje que me atenazó a su cuerpo mientras mi semen se descargaba a borbotones en el interior de su coñito.

Habiamos conseguido llegar juntos al clímax. Nuestros cuerpos se agitaban por la intensidad de aquel placer, yo continuaba penetrándola espasmódicamente, descargando con cada envite una nueva andanada de esperma en ella, que temblaba fruto del placer que le proporcionaban aquellas ultimas acometidas.

El clímax mutuo desmadejó nuestros cuerpos y nuestras mentes, perlando de sudor nuestros cuerpos.

Nos fundimos en un beso intenso y apasionado, sintiendo toda la fuerza de nuestro éxtasis, la respiración entrecortada que nos obligaba a separar los labios apenas unos instantes y nos miramos a los ojos.

Directamente, sin ambigüedades, sin temor, con nuestro disfrute como único objetivo. Nos perdimos en la mirada del otro, haciéndonos desear más aun, liberando nuestros anhelos, nuestra sensualidad y la sexualidad que ambos acumulábamos tras este intenso encuentro.

Publicado por: lois-y-peter
Publicado: 09/12/2020 06:40
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Comentarios: 2
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Comentarios (2)

rjmencey | 09/12/2020 16:35

Divertido relato... pero como dicen, que paso con el mueble, una pata... jaajajaaja

lois-y-peter | 10/12/2020 15:56

Me da a mi que la cabrona de ella se folló al vecino y ni siquiera me hizo una foto de ese momento

loveftv | 09/12/2020 10:09

Ok muy bien. Pero al final el mueble ese que tenían que sacar???me quedé con la intriga.. Jaja. Hacía mucho que no escribías. Me encantó

loveftv | 09/12/2020 12:13

🙄🙊 las cosas en comunidades es lo que tienen...

lois-y-peter | 09/12/2020 14:32

Si lo peor de todo es que no hizo fotos

loveftv | 09/12/2020 16:18

Yo estaria como loco con q mi mujer me mande fotos si quedase con alguien para mover muebles

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