La sorpresa

La sorpresa

Son de estás relaciones cortas pero extrañas, si es que realmente se le puede llamar así. Digo extraña por lo imposible de que se produjera. Cómo suele suceder con muchos morbosos, empezó de una de forma casual intercambiando comentarios por los respectivos blogs publicados entre dos seres afines que se encuentran.. Aunque se presupone que los que se mensajean/critican, por el puro placer tenemos interés en tener una cita o un encuentro sexual, la dificultad de obtener una, así como los blogs y la calidad de las personas que intervienen, daban pie a otro tipo de relaciones cuando la distancia lo convertía casi en un imposible, o simplemente, hacía coincidir a aquellos que solo tenían curiosidad por compartir con otros, anécdotas de una situación afín a la suya. Aunque luego resultara difícil dar con alguien en similar circunstancia dada la cantidad y lo complejo de las situaciones de cada quien, pues había, y sigue habiendo, en ese lugar: jembras, machotes, hedonistas, solteros desesperados, parejas que él habla/opina/queda o dispone y ella sumisa acepta, divorciados rehaciendo su vida, masturbadores compulsivos, cornudos cabreados, quienes engañan a su pareja, o quienes buscan lo que su pareja no les da, buscadores de vicios perversos o simplemente curiosas, e incluso había quien creía que podría encontrar al amor de su vida, sin expectativas, decían...
Poco a poco, sin pretenderlos nos habíamos convertido en lectores y comentaristas habituales de nuestros respectivos blogs, me atraían sus palabras y lo descriptivo y morboso de sus encuentros de sexo... (lo que ella llama cocinar un buen polvo) pese a ser de naturaleza muy diferentes aquellos blogs: de búsqueda carnal, unos chorritos de humor y descripción femenina o masculina, pero siempre inteligente el suyo, y más interesante que el mío (no es harto difícil... jejejejeje). Hasta tal punto, llegaba (ahorrándome las críticas recibidas, que nos daban, más a un hombre, como es de costumbre en esta page y aguantado su frustración por ello... ), que parecía que algunos blogs estaba incompletos hasta que no recibía el comentario del otro, unas veces interrogante, otras de dura crítica, otras con una seductora doble intención... Esta era nuestra relación literaria, hasta que un día me agregó en un correo electrónico y su chat, como forma de contacto alternativa y comenzamos a hablar con regularidad, ahora sí en privado, sin otros lectores adicionales como sucedía en los blogs. Aunque seguíamos leyéndonos y comentando en nuestros respectivos blogs, fue en estas conversaciones que tendían a alargarse donde descubrimos intereses comunes, ardientes palabras..., una muy distintas formas de ser y enfrentar el mundo y las relaciones, y sobre todo aprendimos a conocernos, a tolerarnos y casi sin darnos cuenta también a desearnos.
El punto de encuentro es la página, y eso hacía casi inevitable que curioseáramos y nos interrogáramos sobre nuestras preferencias y vida sexual, nuestras tribulaciones en la página con unos y con otras, y nuestras anhelos y expectativas, e incluso que a pesar de nuestras situaciones personales, por despertar ese deseo mutuo que cada vez más acababan con lujuriosas conversaciones y una enorme excitación que cada quien debía recibir de alguna manera en si mismos, hasta soñar con un momento en que poder hacer real uno de esos encuentros virtuales.

Sin embargo, por mucho que lo deseáramos, estábamos predestinados a no conocernos en persona, al menos en el corto o medio plazo, además de la distancia y el trabajo y que ya nos limitaba las posibilidades de un posible encuentro, la situación personal de cada uno, obligaciones profesionales en el suyo, luego la pandemia….hacía prácticamente imposible que alguno de los dos pudiera hacer un viaje que le acercara hasta el otro y permitiera esa cita tantas veces imaginada. A pesar de ello, quizás por la cercanía que nos daban nuestras charlas, vivíamos la ilusión de un encuentro imposible que recreábamos algunas noches.

- Hola, ¿Estás ocupada? - Era mi entrada habitual, dado el horario lobezno, no era raro que todavía siguiera trabajando cuando yo me quedaba solo y podía conectarme.
- Hola, apenas, ya estoy terminando...
- Claro. Háblame cuando termines, te espero por aquí 
Escribía, y encendía la televisión, para ver la típica serie de madrugada y para entretener la espera hasta que sonara el aviso de llegada de su mensaje.

- Lista. Tengo que decirte algo.
- Dime. Con toda confianza y franqueza, como siempre Iba a contestar de inmediato. Me extrañó porque tardaba más de lo habitual en ella, y al contrario que me pasaba a mí, siempre era muy rápida y directa en sus contestaciones. Por fin apareció el mensaje, mucho más corto de lo esperado por el tiempo.
- Estoy en Las Palmas
- ¿En serio?… enga ya!! - aluciné sorprendido e incrédulo
- Sí, “la mejor isla”, según tú - contestó añadiendo una sonrisa muy grande ...
- No me habías dicho nada. ¿Acabas de llegar? ¿Cómo no me has avisado?
- No te quise decir nada. No sabía si ibas a poder quedar... si querrías verme...
- Pues claro que querría, querría y quiero verte.
- ¿Y si no podías?
- Ya sabes que si se quiere se puede,  sobre todo con tiempo
- No quería venir cargada de ilusión para luego desilusionarme. Ni yo misma sabía si de verdad quería verte
- ¿Y quieres?
- No te hubiera dicho que estoy aquí ni siquiera. He venido a trabajar y por un cursillo de la empresa. Tengo poco tiempo, te doy la dirección y… te espero.

Cuando ella abrió la puerta de su habitación, con poca luz, pero luces de penumbra e iluminada al contraluz por una pequeña lámpara, apenas podía distinguir su pelo moreno y que llevaba puesto el albornoz del hotel. Enseguida dio dos pasos atrás para permitirme entrar y cerrar la puerta y nuestras caras quedaron iluminadas, nada más cruzarse nuestras miradas esbozamos casi al unísono una sonrisa, una mezcla entre alegría y un "¡por fin!",
- Hola -. Usted y yo tenemos mucho que “contarnos”… jejejejejeje
- Qué bueno verte - dije yo, .. ya sabes que a mi me gusta mucho “hablar” y profundizar en los matices de la conversación.. mientras estiraba mi mano buscando acariciar su cara, su pelo, buscando confirmar que no era un sueño ni fruto de mi imaginación, y allí estábamos los dos. Me acerqué a ella le acaricié el pelo, y rozamos nuestros labios, mientras la agarraba fuertemente por la cintura. Todo iba muy rápido, sólo recuerdo la sinuosa caída de su albornoz, y su tentación de color blanco, toda esa mirada y ese cuerpo, esperando a ser agasajados y ese olor a hembra, que me embriagaba... La ansiedad se apoderó de nosotros, y sin parar, pequeños besos en los que al separarnos atrapábamos y saboreábamos los labios del otro para volver a unirnos, hasta que nos sellamos en un beso profundo, intenso, húmedo. Y al calor que llenaba mi cuerpo, vinieron a mi mente todas esas charlas en que como pirómanos nos hacíamos arder en deseo.

Desnuda ante mi y acariciando sus hombros lo empujé hasta dejarlo caer, y descubrir su cuerpo solo cubierto por la ligera tela de aquella combinación, contra el que se marcaban sus pechos y sus pezones excitados. Enseguida, ella me desabrochaba con rapidez, todo lo que sus manos tenían a su alcance, ya estaba sin camisa, y sus manos buscaban rápidamente, bajo el pantalón el bulto que había sentido apretarse contra su cuerpo mientras nos besábamos. Dejé caer un tirante de su tentación hasta desnudar uno de sus pechos. Lo acariciaba, lo agarraba, sentía su calidez, mezclándose con mi mano ardiente, como se derretía en mi mano y volvía una y otra vez a apretarlo y a pellizcar ese duro pezón. Cuando su mano, agarrada firmemente y sin soltarla, sacó mi verga del pantalón me dijo: "Cuantas ganas tenía de sentirte en mi mano… y lo lamió, mientras me miraba y me veía retorcer" y nuestras bocas se buscaron de nuevo, y nuestras lenguas se retorcieron frenéticamente entre sí. Sentíamos el deseo del uno por el otro, la necesidad de sentir el contacto de la carne, el calor del otro cuerpo. Nos quitamos las prendas que todavía nos cubrían, y desnudos nos acercamos hacia la cama, pero antes tomó mi mano y la llevo entre sus piernas para que sintiera como su deseo y excitación se licuaba empapando mis dedos de sus jugos que escurrían. Le mostré mis dedos mojados y los acompañó con dulzura hacia mi boca, pero antes de que pudiera saborearlos me arrebató mi mano y los metió en la suya, y después con un profundo beso me regalo el sabor de sus jugos concentrado en su boca. Le propuse ponerse en cuatro y así beber de ella desde atrás, hacia adelante, y con mi lengua traviesa, jugar con su clítoris, entre gemidos, agarrando fuertemente sus tetas y comiéndomelos empalmado de la situación, que se nos venía... Esa noche nos revolcamos en nuestro placer, recorrimos cada rincón oculto y lo saboreamos, nos sentimos, nos acariciamos, nos agarramos, nos follamos y nos abrazamos, y nos mojamos el uno del otro. Hasta convertir la imposible cita virtual en inevitable e inolvidable, y he de decir que única, algo que no sabía cuando llegué, porque al amanecer me confesó que ese mismo día tenía billete de vuelta, y al alcanzarla al aeropuerto, y fundirnos en un largo beso, la vi desaparecer con ese contoneo que aún recuerdo y el sabor de su boca.

Se nos hizo corto el encuentro, pero intenso, inusual y sorpresivo, pues no sabíamos si volveríamos a encontrarnos de nuevo en alguna otra ocasión, sigue aún hoy día en la memoria de ambos.

Fue en aquellos detalles, en los que te das cuenta días e incluso meses después y en todo el catálogo de sensaciones, que surgió de aquella chispeante relación que muy de vez en cuando, lo solemos sacar a relucir en nuestras charlas virtuales y noto a veces, que mientras charlamos en el silencio y en los lugares dispares en los que nos encontramos... que suplicamos al destino otra oportunidad.

Publicado por: xasmorboso
Publicado: 11/12/2020 06:23
Visto (veces): 272
Comentarios: 1
A 9 personas les gusta este blog
Comentarios (1)

lois-y-peter | 14/12/2020 05:58

Una situación muy excitante. Muy buen relato, gracias por dejarnos disfrutarlo

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