Un viernes oscuro. Parte 1

Un viernes oscuro. Parte 1

Llego el viernes a casa de Antonio. Irene me abre la puerta con el modelito que le había pedido del catálogo que me había mandado, un catálogo precioso de ella con todas las combinaciones posibles de minifaldas y tops. Nada más traspasar la puerta y mientras la cierro tras de mí, beso a Irene, comprobando que no lleva braguitas, norma ineludible de vestimenta durante el fin de semana que nos espera. Su coñito me recibe húmedo, con una ligera matita de pelo que se enreda en mis dedos, tal y como yo sugerí.

Pasamos al salón, allí me espera Antonio. Mientras charlamos y bebemos unas cervezas, Irene nos regala unas vistas maravillosas de su coñito, con sus piernas abiertas y echada hacia atrás, su mano se dedica a jugar con su clítoris mientras seguimos hablando distraídamente.

A la hora de comer, mientras Antonio y yo comemos, Irene ya desnuda está debajo de la mesa chupándome la polla. No la dejo acabar. Cuando estoy a punto de correrme, la aparto y descanso, mientras le acaricio las tetas, pellizcando sus pezones, sintiendo su peso, su calor, su textura en mi mano. Cuando terminamos de comer, mientras Antonio amablemente recoge la mesa yo subo a Irene a la mesa y la follo allí mismo, cogiéndola de los pechos, bramando como un animal y gritando como un loco cuando me voy a correr, derramándome sobre el estomago de Irene, dándole la enhorabuena a Antonio por lo bien enseñada que la tiene.

Con mi corrida todavía sobre su estomago llevo a Irene hasta su cama donde la ato y pido a Antonio que baje a comprar tabaco, tiempo que aprovecho para poder acicalarla, para afeitar su pubis, pasando a menudo mi mano por su sexo, comprobando lo suave que va quedando así como el grado de humedad que va adquiriendo toda su rajita, como su clítoris va hinchándose, como sus labios van henchiéndose por el aumento del riego sanguíneo en la zona y como su vulva va poniéndose cada vez mas oscura.

Cuando creo que el trabajo esta acabado, son mis dedos los que se introducen buscando su interior, son tres dedos los que entran dentro de ella, haciéndola querer gritar de placer, pero al mismo tiempo mi polla se encarga de evitar que grite, entrándola hasta la garganta, provocándole arcadas.

Cuando Antonio sube con el tabaco cambio mis dedos por su polla, pero no puede correrse, ni ella tampoco, solo dos empujones, dos potentes empujones y en su lugar introducimos un huevo con mando a distancia. Le ponemos unas braguitas, una minifalda, un top sin sujetador, para que sus gordos pezones se vean sin dificultad y la pintamos como lo que es, una autentica zorrita, una esclava del placer.

Nos dirigimos a un centro comercial y allí a la entrada la soltamos. Solamente tendrá contacto con nosotros por sms, así recibirá nuestras ordenes. Se pasea por el centro comercial, recibiendo de vez en cuando y sin previo aviso las descargas del huevo vibrador, que a fuerza de repetirse empiezan a hacerla gozar. En ocasiones debe pararse y sentarse para disimular lo que pasa en su sexo, pero sus pezones no se pueden esconder y todos cuantos se cruzan con ella se giran a mirarla. La hacemos pararse a tomar un café en una terraza, el camarero le toma nota más atento a su abertura de piernas que a su pedido, la mesa de enfrente no pierde detalle de sus cruces de piernas.

Entra en el cine, en la última fila no hay nadie, primero es Antonio quien recibe como premio una mamada de escándalo, echándole toda su corrida sobre el pecho, a continuación soy yo quien continúa con el juego de igual manera. Mientras guardamos nuestros miembros aun erectos, le ordeno a Irene que se masturbe con las piernas sobre las butacas delanteras y así poder observar nítidamente como su mano se pierde en su húmedo sexo, como sus dedos van surcando el valle de placer que se oculta bajo su pubis, sus dedos corrían por entre sus labios, buscando el botón de su clítoris, ya hinchado, mientras pequeños hilos de fluidos resbalan por sus nalgas y así continua, aumentado la velocidad de sus caricias, mientras su orgasmo llega salvaje, convulsiona, presa del placer, mientras su pecho sube y baja, intentando coger aire y recuperar el aliento perdido por el placer recibido.

Tras la película, salimos del cine y nos dirigimos al coche. Irene camina dos metros por delante de nosotros, el huevo funciona de continuo, apenas puede dar tres pasos seguidos.

Cuando llegamos al coche ella se sienta delante, se sube la minifalda, se quita las bragas, que están empapadas y se baja el top. Nos dirigimos al campo. Durante el trayecto los coches con los que nos cruzamos disfrutan de los volúmenes de Irene, expuestos sobre el asiento a todo aquel que quiera verla y disfrutar de su desnudez, de su fragilidad, de su docilidad.

Al llegar aparcamos, buscamos un lugar adecuado donde atar a Irene y nos vamos a dar una vuelta dejándola allí. Observamos a un par de excursionistas que pasean ajenos a lo que se van a encontrar. Los seguimos con la mirada, ambos observan con sorpresa a Irene, de repente uno de ellos se arma de valor y por fin se decide. Se acerca por detrás y sin mediar palabra la penetra, son apenas tres empellones los que le achucha antes de correrse. A continuación el otro, siguiendo su ejemplo, la folla también desde atrás. Aguanta un poco mas, pero no lo suficiente, cuando volvemos a soltar a Irene esta a punto de correrse, necesita correrse, pero no la dejamos tocarse, la corrida de sus dos folladores resbala por sus muslos y así volvemos al coche y nos vamos para casa.

Publicado por: lois-y-peter
Publicado: 04/01/2021 07:44
Visto (veces): 127
Comentarios: 2
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Comentarios (2)

tonyperezgc | 05/01/2021 09:53

Puff que buena historia me acabo de empalmar a tope y una buena corrida pensando en tanto morbo y la situación

lois-y-peter | 05/01/2021 09:55

Esto si que es un piropo, muchas gracias y feliz año

arcoiris | 05/01/2021 09:18

Muy bueno!!!

lois-y-peter | 05/01/2021 09:52

Muchísimas gracias y feliz año

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