Una plancha muy caliente. Parte 1

Una plancha muy caliente. Parte 1

Una mañana, cerca de las 9 de la mañana sonó el teléfono. Era Victoria, atendió Cristina.
- “Hola Victoria, ¿cómo estás?”, preguntó.
- “Bien, y ¿tú?”, respondió educadamente Victoria. “Hace tanto tiempo que no coincidimos vecina”.
- “Sí Victoria, salgo poco de casa y Rubén ya sabes, atareado con el trabajo”, comentó Cristina.
- “Normal Cristina. A propósito, ¿está Rubén?”.
- “Si, claro, déjame que lo llame. ¡Rubén!”, gritó Cristina. “Es Victoria, que quiere hablar contigo”.

Tomé el teléfono desde el dormitorio, aun en la cama, disfrutando de ese día libre y la saludé.
- “Hola Victoria, cuanto tiempo, ¿cómo estás?”.
- “Extrañándote, Rubén”, respondió ella muy picaramente.
- “Entonces como yo”, le respondí. “De veras que sí”.
- “Mi niño, tú que sabes de cosas técnicas, me disponía a planchar y la plancha no calienta, ¿podrías mirarla?”.
- “Con mucho gusto Victoria. Estaba a punto de salir pero hasta la tarde no tengo nada, así que ahora subo”, asentí.
- “Muchas gracias, aquí te espero”, dijo colgando.
- “Rubén ¿Qué quería la vecina?” preguntó curiosa Cristina.
- “La plancha, que no le funciona”, le respondí. “Así que voy a subir a echarle un vistazo”.
- “¿La plancha?, quizás la plancha no funcione, pero ella debe estar a mil”, aseveró Cristina juguetona. “¿Me harías el favor de dejar, cuando entres, su puerta un poco abierta?. Seguro que te la follaras otra vez y esta vez quiero verlo en directo, no a través de la ventana. Ya sabes que me da mucho morbo verte follar con otras y cuando os vi aquella mañana, me puse muy cachonda” me pidió Cristina.
- “¿Para ti?. Lo que quieras. Y espero que no solo mires, si te animas, únete, ya sabes que me encanta verte con otra mujer”, le concedí.

Yo en mi interior deseaba mucho ver a Victoria y Cristina tocándose y gozándose. Subí al piso de arriba y toqué el timbre de casa de Victoria. Y ya en el umbral, cuando me abrió, la empecé a besar con frenesí, loca y excitadamente. Nos abrazamos con fuerza y allí mismo, con la puerta abierta comencé a acariciarla.
- “Pasa mi niño, vamos a reparar la maldita plancha que no funciona”, disimuló.
- “Por supuesto, vamos a ver que le pasa a esa plancha”, la reté.

Como la primera vez que habíamos follado, Victoria estaba vestida solamente con su bata, completamente desnuda bajo ella, hermosa, duchada y con una fragancia muy intensa. Cerré la puerta tras de mi, asegurándome de no hacerlo por completo. Me cogió de la mano y me llevó hasta su dormitorio. Allí, nos esperaba la cama, aún sin hacer, con sus sábanas calientes, con su olor y encima de ésta sus braguitas, las que había usado el día anterior y toda la noche. Nos sentamos en la cama. Tomé sus braguitas y las olí.
- “Me masturbé anoche y esta mañana pensando en ti. Me masturbé para ti. Y aquí tienes mis braguitas con toda mi esencia, y mi cuerpo con todas mis ganas de ser tuya”, me dijo.

Nos besamos y poco a poco me fue desnudando. Deslicé su bata por los hombros y comencé a chupar sus tetas y sus ricos pezones mientras acariciaba sus nalgas, su espalda y su entrepierna, recién depilada. Ya estábamos a mil y la plancha se había, por fin, calentado hasta su grado máximo. Nos tumbamos en la cama y nos empezamos a magrearnos con avidez, con lujuria. Sus senos, blancos, calientes, suaves eran míos. Los chupaba con gula, los degustaba con ansia y los devoraba frenéticamente, como a ella le excitaba.
- “Sigue chupando mi niño. Sigue. Chupa mis tetas amor”, bramaba Victoria con fuerza.
- “Sí preciosa. Están muy ricas. Me excitan mucho tus tetas, me encantan. Son tan grandes, tan tibias... ”, le susurre entre dientes mientras seguía amasando sus tetas y chupando sus pezones.

Mientras le comía las tetas, acariciaba su culo. Mis manos se volvían cada vez mas audaces en el manoseo exquisito y lujurioso.
-”Ahhhhh, que rico es sentirte amor. Tócame, hazme disfrutar amor”, me chillaba mientras ella hacia lo propio acariciando mi cuerpo y llenándome de besos. “Dime que soy tu puta. Dímelo gritando. Gritame que te pongo cachondo. Dime que soy tu puta”.
- “Si preciosa, eres mi puta. Me pones a mil zorra. Te voy a follar, y te voy a encular. Te voy a hacer como la puta que eres”, le chillé a Victoria mientras estrujaba sus pechos entre mis dedos.

Ya no aguantábamos más y empezamos un 69. Ella devoraba con hambre mi verga, tiesa, dura y caliente, mientras yo lamia su coñito como un loco, apreciando su sabor, sintiendo todo su olor de mujer, su rajita bien caliente, llegando hasta su ano.
- “Córrete en mi boca”, decía, “córrete amor. Dame tu leche, que quiero tragármela”.

Yo sin oírla, le seguía lamiendo la vulva, golpeando su clítoris, chupando los labios con fuerza y follándomela con la lengua, quería sentirla al máximo, beberme todos sus jugos. Me excitaba tanto su olor, sus flujos, su rajita, su clítoris durito. Debía de haberse corrido varias veces, por la humedad de su sexo, pero yo seguía comiéndome su coñito con gula. No quería acabar. Quería encularla y descargar mi leche por su culo precioso.
- “Ponte a cuatro patas zorra”, le chillé autoritariamente. “ponte a cuatro patas que te voy a romper el culo”.

Sin tener que decir más, se acomodó como yo le había ordenado y separando los cachetes del culo apareció ante mi su ano. Escupí sobre él y lo esparcí con dos dedos. Después los deje caer hasta su vagina, donde los hundí violentamente, haciendola chillar una vez mas de placer. Con los dedos de mi mano izquierda hundidos en su coño, apoyé dos dedos de mi mano derecha en su ano y empuje con firmeza hasta que la mitad de ellos desaparecieron en su esfinter.

- “Ahhhhh, que rico amor. Que rico. Me corro, me corro con tus dedos. Sigue amor, sigue, follate el culo de tu puta”, chillaba desaforadamente, mientras mis dedos seguían follándosela cada vez mas rápido.

Su ano ya estaba lo suficientemente dilatado como para intentar albergar mi pene. Al levantar mi mirada, junto a la puerta, desnuda, masturbándose como una loca estaba Cristina. Estaba parada en el umbral, se veía preciosa, lujuriosa, salida, sus tetas al aire, su coñito pelado, sus manos dándose placer. Eso me puso aun mas caliente y coloqué mi glande contra su ano. Me cogí a sus caderas con fuerza y con un grito salvaje me hundí en Victoria hasta los huevos.

- “Ahhhhh, que rico amor, estas en mi culo, me corro por el culo”. Gritó Victoria fuera de si, al sentir mi verga en el culo y comenzó a moverse como una loca, buscando clavarse mas en mi polla.

Seguí enculandola hasta que no aguanté más, por la enculada y la situación y me corrí como una fuente dentro de su culo, junto conmigo ella llegaba a otro orgasmo.
- “Ahhhhh, amor es espectacular”, gritaba, “es espectacular”.

Victoria se dejo caer, rendida, desfallecida. Le saqué mi verga, me tumbé sobre ella y la besé con ternura. Mi pene se escurrió entre sus nalgas y sentí mi semen escapando de su esfinter. Miré hacia la puerta y aún seguía allí Cristina, en silencio, tocándose, le guiñé un ojo y la invité a la cama.
- “Victoria”, le dije, “abre tus piernas”.

Publicado por: lois-y-peter
Publicado: 26/10/2021 13:42
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