Una carrera inesperada

Una carrera inesperada

He disfrutado mucho mi estancia en algunas páginas, que no tienen que ser de contenido sexual; me he encontrado a algunas amigas, y nos hemos tomado algo y divertido (la improvisación es quizás lo más excitante en algunos encuentros), guapas y no tan agraciadas, bajitas y resultonas, altas y delgadas, jóvenes y milfs. En lo más diverso se haya el placer más sublime. Pero que una tarde cualquiera de las que suelo ir a correr por la Avenida Marítima, la encontrase paseando con unas amigas era premonitorio, diría que incluso, muy cachondo, después de haber pasado tantos años desde el instituto. Nos saludamos pícaramente ese día, y luego semanas más tardes, eso si, haciendo coincidir nuestro deseo, estaba sola y ya me paré a charlar animadamente, con la compañera de clase que no veía hacía algunos años. Mi mente morbosa, empezó a cabilar, que tal vez me estaba perdiendo una buena experiencia al no invitarla a un café, así que decidí arriesgarme una sola vez y le pedí tomárnoslo juntos por aquel lugar
Buscamos una mesa aislada, para ponernos al día, la terraza exterior del sitio costero nos pareció muy bien; al cabo de una hora ella se ausentó, la veía constantemente revisando las redes sociales. se reía de mis chistes malos, y yo intentaba no perder el control, ante tremenda mujer. Algo que tenía claro desde el principio era que me gustaba, desde que nos conocimos en aquel curso y ella sonrió y me dijo pícaramente: “Eso se lo decías a todas”...
Me comentó que estaba casada, pero eso no nos importó, obviamente. Días después mantuvimos charla a través de Linkedl e insistí en que nos viéramos, esta vez, en la Avenida para “correr”. Ella es abogada y en ocasiones tenía que ir a los juzgados, donde perdía horas en trámites. Pero yo le pedí que un día entre semana que iría al juzgado, podríamos ir a “corrernos” y que tendría la tarde libre. Ese día se puso malla de deportes (como así le pedí), con una licra que le marcaba un pecho precioso, y marcaba también una tanga que me encantó. Corrimos hasta la altura de una playa conocida por la gente del lugar. Teníamos muy buen ritmo y mientras le hablaba, ella me dijo de parar, ya que se cansaba de hacer las dos cosas a la vez, sin embargo, fue muy divertido, ya que me encantaba oírla jadear y según ella, le encantaba que la mirara fijamente a los ojos, como antaño.

Paramos a sentarnos en un sitio entre las piedras, y un poco lejano a la zona del circuito acostumbrado y puse mis manos en su cintura y mis caderas se arrimaron a ella; cada vez que lo hacía, mi erección en las licras era evidente y sentíamos mucho calor, de modo que, la monté encima mío, rozando su coño aprisionado y comencé a besarla, a mordisquear su labio inferior, a chupar su lengua y a pegar mi cadera a la suya, hasta que, notaba cómo nuestros miembros se deslizaban por el roce de las licras, el deseo se desbordó y decidimos irnos a otro sitio más apartado. Hasta que nos subimos a mi coche allí aparcado, en la zona estratégica de la playa. Comenzamos a besarnos con fervor y deseo, mientras mis manos las metía bajo su licra ceñida y agarrando uno de sus pechos, comencé, después de salivar mis dedos a pellizcar sus duros pezones, que exigían casi a gritos una boca que aliviara su tensión a chupetones. Ella metió su mano en mi licra y empezó a frotar mi verga ya húmeda. Preferimos irnos a otro lugar, ya que comenzaba a llegar gente y a ella no le gustaban los mirones. Arranqué el vehículo, y ella por el camino abría sus piernas y acariciaba mi polla. Me dijo: “¿Sabes?.. Me pusistes muy cachonda el primer día que te vi corriendo, y me mirastes fíjamente, recordé nuestra primera cita en la que me follastes como un animal”. Mientras yo deslizaba mi mano entre sus piernas, para entretenerme con su coño ardiendo y empapado.Nos paramos en un hostal que conozco cerca de allí. Nos besamos acaloradamente antes de caer en la cama y entre gemidos, vestidos los dos, simplemente bajé el cierre de su pantalón, ella me bajó los míos, la puso en cuatro, y aparté a un lado la tanga y comencé fuertemente las envestidas (ya estaba ya muuuy lista para recibirme) su coño ardía, de longitud normal pero tan grueso que al sentirlo adentro por completo me hizo gritar mientras arañaba las sábanas; tan excitados estábamos que bastaron unos pocos empujones para que mientras le acariciaba su clítorix tuviera sus primeros espasmos de inmediato y… yo a las espuertas del mío. Tuve la deferencia de no correrme dentro de ella y me salí justo cuando de un chigazo comencé a empapar sus nalgas con mi verga de néctar ardiendo.
Ella, tan perversa, como yo me acordaba que era disfrutaba mucho metiéndose la polla en la boca a chupetones, y yo, con los ojos en blanco, disfrutando de aquel placer; era delicioso sentir su lengua y su mirada fija en la mía, pero era muy diferente tenerlo en su boca: ella insistía en besarme el tronco y luego sólo la puntita y en volver a recorrer con la húmeda todo mi tronco, toda una maestra para eso; pero yo insistía en metérsela toda, . Luego le sostuve la cabeza y no la solté hasta que volvió a poner los ojos en blanco. Volví con, y pequeño chorro en la lengua; no se los traguó, pero aprovechó que por fin podía disponer de su boca para, aprovechando que este animal seguía duro y muy despierto, comenzar a chuparlo, a lamerlo, a darle pequeñas mordiditas y a besar mis grandes bolas con paciencia, disfrutando, saboreando golosa, hasta que el deseo volvió a poseerla y de inmediato me sentó y se punto encima de mi en genuflexión deliciosa y de una sentadilla me la encajé y la cabalgué por un buen rato, sientiendo como su hilo transparente rozaban mis muslos, y comencé a oír sus palabras y sus gemidos, preludio que anuncia la cascada entre mis piernas.
Mientras aflojaba el ritmo, la puse en cuatro nuevamente y comencé con mis besos negros y de inmediato ella me dijo sorprendida: “Mm….m…. que gusto da sentirte dentro nuevamente” la dispuse de rodillas a la orilla de la cama, le arranqué su tanga completamente y pegué mi boca a sus nalgas; entonces refresqué dulcemente su culito con mi juguetona lengua y empecé a sentir cómo ella humedecía, combinándolo con rápidos mordiscos en las nalgas. Pero ya sea que harto de querer penetrarla con la lengua y que esto me excitaba de manera sobrenatural, la cuestión es que dejó de sentir un órgano húmedo y suave para sentir repentinamente mi trozo de carne dentro de alla, ella dilatada y con lubricante que había traído para la ocasión, metí la resbaladiza cabeza en su agujerito, arrancándole una exclamación. La cubrí con más lubricante y, tras decirle si estaba bien y si estaba preparada, antes de que yo apretara sus nalgas y empezara la cabalgada, la volví a meter, ya no con delicadeza, sino con fuerza, hasta que puse velocidad de crucero. La empapé, nuevamente de más lubricante que fluía entre sus piernas del rozamiento y, ahora sí, metérsela de golpe, lo que la hizo gozar, aunque no sé si de dolor o de placer, para después perforarla una y otra vez, hasta dejarme el esfínter horadado, lo cual aprovechaba, para volver a culearla, con lujuría. Una y otra vez, se me salía, tomaba aire y volvía a entrar en ella. Se sentía delicioso, hasta lograr exprimírmela y me vine con una fuerte exclamación, para luego acostarme en la cama, satisfecho.

Ya en la cama, me comentaba, que hacía tiempo no follaba así de aquella manera y que había sido toda una sorpresa reencontrarnos de nuevo. Nos besábamos acaloradamente, intercambiándonos miradas y mientras le chupaba las tetas, ella me decía: “No más, que te conozco, y tengo que volver ya a casa”… A lo que yo le comenté: “ me tendrás que dar otro día para repasar contigo anatomía y ponernos al día”.. “Sin dudarlo”, me contestó aquella maravillosa mujer.

Publicado por: xasmorboso
Publicado: 13/11/2021 05:40
Visto (veces): 291
Comentarios: 2
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Comentarios (2)

mikitfe | 16/11/2021 08:53

Buen relato..gracias!!

rjmencey | 15/11/2021 23:18

Reencuentro por todo lo alto

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