Siempre he creído que el deseo más intenso no es el que se grita
sino el que se susurra desde el alma.
Mi fantasía no tiene que ver con dominar ni con poseer.
Tiene que ver con contemplar, admirar, sentir el fuego ajeno y rendirme ante él.
Sí, lo confieso.
Mi fantasía es ver a la mujer que amo brillar en su deseo más libre,
sentir que otro la toca, la enciende, la explora
y yo, cerca, presente, amoroso, fuerte la adoro más que nunca.
No es morbo.
Es entrega.
Es amor profundo con alas.
Es verla feliz, desatada, poderosa
y saber que soy yo quien sostiene su alma mientras su cuerpo vuela.
Me excita lo emocional, lo real, lo íntimo.
No busco cuerpos.
Busco conexión, complicidad, verdad.
Busco una mujer que quiera vivir su historia con libertad, pero también con respeto, cuidado y fuego.
Si alguna vez has sentido algo así —aunque sea en un susurro interior—
quizá esta fantasía también te pertenece.