Domingo en la playa
Era domingo, ocho y pico de la mañana, ese momento cuando el sol empieza a salir. El sábado por la noche había ido de copas, pero esa mañana me apetecía algo tranquilo: un café, los pies en la arena y meterme un rato en el agua antes de que la playa se llenara de gente.
Me levante y me puse lo primero que pillé: camiseta arrugada, pantalón corto, cholas y gorro. Ni me lavé la cara. Cogí el coche y tiré pa’ Las Gaviotas. Al llegar, apenas había coches, solo un grupito con música y risas. Aparqué un poco más lejos, enchufé mi taza eléctrica a la batería portátil de esas que te valen pa casi todo, y pensé: “ya está, aquí me lo disfruto un rato y nadie me molesta”.
Pero siempre pasa algo. De repente escucho un “hola” detrás de mí. Me giro y veo a una chica morena, pelo rizado, falda corta estilo banda de rock, blusita negra brillante de esas que dejan el ombligo al aire, y unos zapatos de eso de plataforma con brillantes y también con un aire roquero, todo a juego. Llevaba una copa en la mano, a las ocho y media de la mañana.
—¿No tendrás un cargador pa’ mi móvil? —me suelta.
Busco un poco entre mis cosas y le digo que no tengo cargador como tal, pero que quizá con unos adaptadores lo podía arreglar. Me sonríe y se queda allí hablando conmigo. Me pregunta qué hacía yo ahí tan temprano. Le digo que me apetecía un plan relax: café, baño y sol. Esas cosas.
Ella empieza a enseñarme fotos en el móvil, el que al parecer batería no le hacía falta mucho, también hace una videollamada con una amiga y me pide que la salude salude. Luego, sin filtro ninguno, me suelta que se había operado el pecho hacía seis meses, me he puesto tanto dijo y que si me parecía que habían quedado bien. Yo flipando, la verdad. Nunca me habían entrado así. Una chica guapa, la que estoy seguro tendrá muchos chicos detrás.
La invité a sentarnos en el coche. Le serví un poco de café en el tapón de la taza y seguimos hablando. En un momento mira la pantalla rota de mi radio y me dice:
—¿Y esto qué? ¿Te lo rompió tu ex en una pelea o qué? O ¿ te pillo con otra ?
Yo me inventé una tontería y terminamos riéndonos.
El rollo iba bien hasta que empezaron a aparecer sus amigos. Uno detrás de otro, interrumpiéndonos y intentando llevarla con ellos, preguntándome cosas como donde vives, que motor tiene tu coche. Bla bla bla. Unos corta rollo. Ella insistía en quedarse allí, pero a mí ya me estaban rallando un poco. Uno hasta me dijo:
—Mira, lo ha dejado con el novio y está hecha polvo. Si ha venido a hablarte es porque le has gustado.
Y yo pensando: “pues gracias por joderme el momento”.
Ya viendo que la cosa se estaba perdiendo, me quité el gorro, me puse el bañador y le dije:
—¿Nos metemos al agua?
Ella sonrió, caminamos hasta el fondo donde había dos o tres personas practicando nudismo y nos metimos juntos al agua.
Entramos al agua y al rato ya estábamos a lo nuestro: besos, juegos, risas ustedes se imaginan. Fue un ratillo muy agradable, de esos imprevistos que te sacan de la rutina y que después te dejan con una sonrisa boba en la cara. Además, habíamos logrado escaparnos de los amigos corta rollos, así que todo fluía.
Al cabo de un buen rato salimos. Ella con frío, yo no, porque me gusta meterme temprano en el agua. Nos sentamos en la arena mientras el sol empezaba a calentar más. Yo le puse el brazo por encima de los hombros, atrayéndola hacia mí pa’ que cogiera calor, y la cosa estaba yendo bien pero claro, no duró mucho.
Justo apareció aquel amigo suyo, el mismo que minutos antes me había soltado que ella estaba hecha polvo porque había dejado al ex, algo por uno cuernos, etc. A lo que yo no dije ni una palabra y mucho menos preguntar. Se la llevó un poco apartado, hablaron, y después vino otra vez con la misma cantaleta: que si me unía al grupo, que si tal. Y yo, la verdad, lo único que quería era estar tranqui, hacer olas, quemarme un poco, mi café y poco más.
Ella se acercó y me dijo:
—Vale, yo vuelvo con los demás, pero si después te aburres, ven a vernos.
Me quedé ahí en la arena, me tumbé boca arriba, brazos abiertos, mirando al cielo con esa sonrisa que se te queda cuando algo sale bien aunque no dure mucho. Me quedé un rato escuchando ese silencio tan estupendo. Esas olas de mar, rompiendo sobre las rocas, cerrando los ojos, como guardando el momento, volví al Coche cogí tabla de surf y a nadar un poco.
Después de quizá dos horas, decidí recoger y volver al coche. Al llegar al aparcamiento ya estaba aquello petado de coches y el grupo de ellos había desaparecido. Se habían marchado.
Y ahí me quedé pensando: qué curioso es todo esto. A veces la vida te regala un instante inesperado, tan breve como intenso. Momentos que no buscan nada concreto, que no hacen ruido, pero que se quedan dentro como un secreto entre tú, el mar y la mañana. Quizá de eso se trate al final: de aceptar que lo genial muchas veces dura poco, y que no pasa nada porque precisamente por eso lo recordamos y se escriben anécdotas como estas