Ella ha pasado la tarde en Ámsterdam, ha llegado puntual a la estación habiendo embarcado a las 23:30. Está deseando disfrutar de ese tren-litera que la llevará a Berlín durante la noche. Es consciente de que es una de las mejores vacaciones de su vida, y sabe que aún queda más.
Le ha dado tiempo de ducharse, maquillarse y ponerse ropa cómoda, se ha puesto el cardigan negro de encaje de las ocasiones especiales.
El tren todavía no ha partido, con lo que se toma tiempo para revisar el teléfono, pero se siente inquieta, no deja de mirar la puerta del camarote, mira la decoración a su alrededor, se levanta y se mira al espejo, se retoca el maquillaje, sabiendo que está perfecto, está algo ansiosa, siente cierta humedad entre sus piernas las mueve repetidamente de manera inconsciente, las ganas se la comen por dentro.
Son las 23:55 y el tren parte de la estación de Amsterdam Centraal rumbo a Berlin.
Vuelve a mirar el teléfono, esta vez más inquieta, mientras espera ansiosa un mensaje, recuerda todo lo ocurrido en la chocolatería Tony’s Chocolonely, donde coincidió con aquel chico alto, de voz varonil y espalda ancha. Un potranco, el cual no le apartó la mirada en aquella cola para pagar, ... ella sintió que él la desnudaba allí mismo...
Ella sabía que sus curvas son mortales para estos jinetes del apocalipsis, jugándoselo todo con el imán de su sonrisa, .. y así fue, lo tenía justo detrás.
Hablaba un español perfecto, sin apenas acento, al escucharlo, al verlo mover los labios... su mente morbosa la llevaba a escenarios de lujuria... escenarios sin límites...
Su sangre viajaba al galope por sus venas, dudaba entre entrarle o no, sabía que él lo estaba deseando y probablemente él sabía que ella también estaba deseándolo. El cruce de miradas era eléctrico.
Ella seguía dudando, mientras la humedad de tu entrepierna decidió por el resto de su cuerpo y se atrevió.
En un despiste, dio medio paso hacia atrás, justo cuando él avanzaba hacia adelante, se movió la distancia justa para que sus nalgas contactaran con su cintura, ella necesitaba sentir su miembro en sus nalgas... aunque fuera de esa manera tan infantil... y lo hizo!!
La reacción de él le encantó, la agarró para aparentemente evitar que cayera, pero todos los allí presentes miraban sorprendidos por cómo la sujetó por la cintura, estaba claro que le estaba cogiendo la medida de la apertura de sus brazos para cuando la tuviera en 4 patas ... ella pudo sentir la letalidad de un verdadero Chacal en ella empezó a hervir la sangre, quería follárselo!!!.
Sintió su miembro, duro, caliente y probablemente húmedo también.. era todo lo que necesitaba saber para tomar una decisión... quería verlo de nuevo, ... eran las 17:00 y su tren salía en siete horas.. sintió que debía idear un plan.. y se le ocurrió el plan perfecto.
Al pagar.. pidió otro chocolate... decidió girarse bruscamente y deliberadamente se lo echó encima, manchándole su pantalón a la altura de la cintura, fueron solo unas gotas... las suficientes para que cuando él se agachara a limpiarse.. susurrarle al oido... "te las limpiaría con la lengua hasta que te corrieras en mi cara”.
Él asintió y conocedor de sus intenciones, sonrió cual francotirador apostado en una colina y a modo de disparo le dijo.. "se que viajas esta noche a Munich, viajamos en el mismo tren... dame tu número, y podré correrme en tu cara, como deseas”.
En ese momento ella no sabía donde meterse, por un lado, la gente alboratada por el jaleo del chocolate que cayó al suelo, por otro sentía que el viaje a Munich iba a ser alucinante.
Han pasado siete horas, no lo ha vuelto a ver, ni en la estación, ni en las inmediaciones, su mente es una montaña rusa, se ha vestido de manera más morbosa, la humedad se incrementa por momentos. Ahora, con el vagón en movimiento, se imagina comiéndole la polla hasta el fondo, dejándosela tan dura que cuando la penetre se escuchen sus gemidos en todo el tren, ... mientras su mente divaga y su cuerpo se humedece, de repente suena el teléfono, ... un mensaje. Su mente abandona el recuerdo de la chocolatería y se sitúa en el momento presente
Es él, de una manera directa y sin titubeos le escribe “se en qué vagón estás”, “ya estoy en la puerta, abre!!”, ella, al leerlo siente que su mente va a estallar, está excitadísima, se siente dominada ya sin que él le haya trincado el moño, le haya dado un nalgazo, o la haya empotrado contra las paredes del vagón
Se dispone a abrir la puerta, y ahí está... es él
Se miraron durante un segundo eterno, devoraron toda vestimenta, toda apariencia, toda reputación
Él se acercó a su boca, y solo se la humedeció con su lengua.. ella envuelta en llamas estiró sus brazos alrededor de su cuello y le metió la lengua hasta sus amígdalas, mientras buscaba todo el contacto posible con su cintura
Sin saber cómo, él, sin dejar de besarla acercó su mano derecha a la entrepierna. Estaban aún de pie, la braguita apenas se interpuso entre su dedo y sus labios empapados en miel..
Ella comenzó a intercalar gemidos mientras salivaba, ya no era un dedo.. ahora eran dos, Uno se ocupaba de su clítoris erizado y el otro penetraba suavemente sus cavidades. Mientras todo esto ocurría, ella todavía tenía el control de sus piernas y su pelvis. Se dejaba caer para una mayor penetración, y volvía a elevarse para sentir como se erizaba cada centímetro de su vagina.
Ella colgaba de su cuello y él la sostenía con sus dos dedos en cada descenso, empujaba más, gemía más, se encogía más el ritmo era constante, puro arte en movimiento.
En cada bajada, él enterraba más aún sus dos dedos en forma de gancho dentro de su cueva, y en cada subida los sacaba rebañando de humedad. El clítoris, era un círculo de lujuria. ella sentía que perdía el control de su tren inferior, sólo podía agarrarse al clavo ardiendo de su cuello, era lo único que podía controlar. El orgasmo que se avecinaba ya era imparable, su respiración era entrecortada, pero le dejaba lo justo para gritarle “fóllame” “´fóllame ya”
Él era un jinete del Apocalipsis, sabía que la tenía en sus manos.. y nunca mejor dicho!! La tenía en sus dedos!!! Estaba justo donde la quería tener, al borde del precipicio. Era cuestión de elevarla del suelo con los dedos y dejarla que se balanceara de delante hacia atrás para que la presión de su clítoris hiciera que se estremeciera como si fuera la falla de San Andrés. Su cabeza imaginaba un tsunami de placer y humedad!!!
¡¡¡Le mantuvo la mirada otro segundo de eterno en el que ella pidió clemencia, pero Chacal ya había apretado el gatillo!!!
Fue levantando su brazo y antebrazo y comenzó a despegarle los pies del suelo, mientras ella enloquecía de placer, “joder qué haces?”.. “me corro” “ahhhh” fue lo último que se escuchó en ese vagón antes de un grito desgarrador de placer
Su piel erizada, sus brazos temblorosos, sus pies en total libertad para abrirse de par en par y soltar toda la erupción que llevaba minutos gestándose.
Él tenía los ojos inyectados viendo el espectáculo que había provocado, era indescriptible. un cuerpo vibrando, en erupción, una mente disociada de su cuerpo gimiendo para sobrevivir, en ese momento, todo el aire del vagón se le hacía poco, unas piernas enloquecidas a medio metro del suelo una mano impregnada de placer y de humedad, un torrente que no cesaba
De alguna manera la acercó a la cama entre sus temblores y la dejó tendida boca arriba quería beber de ese santo grial, navegar en esa Nilo creciente.
Acercó su lengua hasta sus labios y succionó hasta saborear ese manantial divino mientras ella seguía sin coordinar cuerpo, mente y piernas.
En ese momento el tren había llegado a la estación de Apeldoorn, en medio de una cálida noche de verano, con apenas pasajeros, con apenas bullicio, en medio de ese silencio, ella poco a poco fue incorporándose, las llamas seguían incandescentes dentro de sí, sólo podía recordar los dos segundos de eternidad, del resto, sólo podía sentir, sin ser capaz de poder describirlo con palabras, estaba absolutamente absorta por lo que había vivido.
Le vino a la mente el momento de la chocolatería, recordó que le atrajo sobre su musculatura, en aquel momento le pareció un hombre fuerte, curtido en los gimnasios, lo que nunca pensó es que pudiera sostener su peso al vacío con sólo dos dedos, y que produjera en su cuerpo el estallido de placer que provocó..
En ese momento volvió al presente, él ya se había bajado sus pantalones y manejaba su miembro con aquella maravillosa mano derecha. Ella permanecía en la cama, sentada y él, en frente sin proponer nada, entendía que ahora le tocaba a ella llevar la iniciativa.
Ella sólo tenía claro que quería darle su más que merecida mamada y le metió manos al culo y lo acercó a su cara. Ella se retorció los labios justo antes de meterse toda su polla en la boca. Estaba totalmente irrigada, caliente, húmeda y goteaba, en su punto.
La mamada lo dejó inicialmente tambaleándose, hasta que puso sus manos en la cabellera de ella y comenzó a dirigirla levemente, mientras ella con la mirada le pedía que le trincara el moño.
La excitación en él crecía por momentos. Ella lo sentía en su cabellera, cada vez la trincaba más cerca de la nuca, cada vez él dirigía más y la intensidad, aumentaba a cada momento.
Ella seguía impresionada por cómo podía dominarla así, movimientos de pelvis perfectos, de abajo arriba, la nuca presionada pero libre para juguetear con la lengua y con la mirada
Su respiración empezaba a entrecortarse y los gemidos daban cuenta de pronto llegarían a un curva en la que descarrilaría, ella consciente de la situación agarró su polla con la mano y empezó a lamerle los huevos mientras le hacía una paja y le miraba con ojos sumisos. Sus manos trincaron esta vez su cabellera hasta lograr meterle la polla en la boca otra vez, para vaciarle toda la corrida que venía acumulando desde que había subido al tren.
Él trincaba sus dientes mientras gritaba, mientras trincaba su pelo y su cráneo contra su pelvis, mientras su próstata inyectaba semen en su garganta. Sus piernas empezaron a sentir calambres, no se sostenía en pie y tuvo que lanzarse a la cama totalmente exhausto.
El tren siguió su ruta. Ya en Berlín, nadie supo nada de esos dos pasajeros, nunca se supo en qué estación se bajaron. Los revisores encontraron el camarote totalmente revuelto, sólo pudieron recuperar un cardigan negro, cubierto de semen. Para todo el que no estuvo aquella tarde en la chocolatería, era imposible entender lo que pudo haber pasado en aquel vagón.