- “Mañana por la mañana me apetece mucho follarte en mitad de un descampado, y conozco el sitio ideal para detenernos, si te apetece un buen polvazo campestre”, le propuse traviesamente por el Telegram.
Acto seguido fui terminando de perfilar mi plan. Conforme iba imaginándomelo, mi cuerpo reaccionaba, poniéndome cada vez mas cachondo.
Al día siguiente, cuando Aroa abrió la puerta del coche y entró, en lo primero que reparó fue en el bulto de mis pantalones cortos.
- “¿Todo eso es por mi, cerdo?”, preguntó picara.
- “Bueno para ser exactos, es a causa de lo que tengo planeado para ti”, le respondí aun mas maliciosamente, mientras me acercaba a besarla y pellizcar su pezón derecho.
- “Para ya cabrón, que me vas a poner cachonda perdida”, se quejó con poca convicción. Pero me detuve para incrementar su deseo.
Mientras salíamos de la ciudad, mi mano viajaba desde la palanca de cambios hasta su regazo, acariciando sus muslos. Mis dedos cada vez llegaban mas arriba y comencé a acariciar la fina tela de sus braguitas. Aroa se recostó mas en el asiento, facilitando mis caricias.
- “Las autenticas zorritas no llevan braguitas cuando van a follar, así que dámelas”, le ordené, al tiempo que le clavaba dos dedos en su coñito.
Ella se las quitó muy lentamente, y cuando las depositó en la palma de mi mano, ya estaban completamente empapadas por su excitación. Las dejé sobre el salpicadero del coche, a la vista de todo el mundo.
- “Y ahora, recogete la falda, para que todo el mundo pueda verle el coño a mi zorrita”, le volví a ordenar.
En el siguiente semáforo que interrumpió nuestra marcha, desabroché mi pantalón y saqué mi polla, dura y vibrante para que Aroa pudiera ir acariciándola de camino a nuestra follada campestre.
Cuando alcancé el desvío deseado, abandonamos la carretera y me interné en el camino, ocultándonos de las vistas.
Busqué el claro adecuado para lo que deseaba hacer y detuve por fin el coche. Acomodé mi asiento y le pedí a Aroa que se tragara mi polla, para poder clavársela luego.
Ni un segundo tardó en ponerse de rodillas sobre el asiento del acompañante y tragarse, ávidamente, mi cipote, llegandole hasta el fondo de la garganta y provocándose una arcada que me hizo gemir de placer al sentirme tan dentro de su boca.
Enredé mis dedos en sus cabellos y comencé a follarle la boca, cada vez mas fuerte, mas rápido, hasta que mis caderas se lanzaron en pos de mi propio orgasmo, empujando su cabeza contra mi regazo, obligandola a tragarse todo mi sexo, arrancándole varias arcadas, sintiendo su saliva escurrirse por el talle de mi polla, encharcando mis huevos y cayendo hasta el asiento.
- “¡Ábrete bien el coñito! Quiero ver como abres bien ese coñito de zorrita que tienes”, le chillé a Aroa cuando observé que un desconocido se acercaba hasta nuestro coche, mientras presionaba aun mas su cabeza contra mi pubis.
- “Si tienes 5€, te puedes unir para follartela”, le dije al desconocido cuando alcanzó la ventanilla del coche.
- “¿Solo 5€?”, preguntó el desconocido, mientras el cuerpo de Aroa se tensaba de inmediato al escuchar aquella voz inesperada.
- “Ya sabes que hay dos clases de putas. Las que lo hacen para ganar dinero, que en el fondo no lo disfrutan y luego están las auténticas zorritas, que solo lo hacen por que necesitan que se las follen a todas horas y estas lo regalan, porque no buscan dinero, buscan pollas que se las follen”, le expliqué, al tiempo que seguía follándome la boca de Aroa.
-“Se le ve el coñito completamente encharchado, debe de estar a punto de correrse solo de chupártela. ¿Te importa si me la follo con los dedos?”, terminó de decir, colocandose junto a la ventanilla abierta del coche, apenas a unos centímetros del coñito húmedo y brillante de Aroa, mostrando el billete de 5€.
- “Por favor, sírvete, que para eso vas a pagar”, le contesté al tiempo que él comenzaba a penetrarla con dos dedos y Aroa gemía de placer, acallada por mi polla, y su cuerpo temblaba por el primer orgasmo que abrasaba su cuerpo sin compasión. “Ademas, a esta putita le gusta todo”.
- “Al final va a ser cierto que eres un autentico putón, que te estas corriendo con los dedos de un desconocido en tu coñito y mi polla en la boca”, le dije bien fuerte.
Al tiempo que aquel “cliente” aumentaba la velocidad de su masturbación, Aroa iba succionando mas intensamente mi polla. Cuando le hundió el tercer dedo se descargó en un nuevo orgasmo que la hizo dejar escapar mi cipote de sus labios para poder chillar contra mi pubis la intensidad de su clímax.
- “Si tienes la polla bien dura, puedes follartela, que seguro que se corre aun muchas mas veces”, invité a aquel desconocido.
- “Cállate y sigue chupando zorra. Las putas de verdad no se niegan nunca a ser folladas si les pagan la tarifa. Y tu eres una autentica puta ¿verdad?”, apostillé cuando Aroa intentó decir algo para negarse.
Nuestro nuevo amigo abrio la puerta del coche, se deshizo de su pantalón, dejando escapar su polla bien dura del calzoncillo, separó los cachetes del culo de Aroa y le escupió en el coño, no por que necesitara mas lubricación, que seguro que no era necesaria, sino por que le apetecía. Apuntó su glande en el chocho de Aroa y cogiéndose a sus caderas se enterró en ella, con una embestida brutal y salvaje, que la llenó por completo de carne de macho, haciéndola chillar de placer y dolor, obligandola a abrir su boca por completo, aprovechando yo para obligarla a tragarse toda mi polla, hasta la base, provocandola.
Cuando acompasamos nuestros movimientos, el coche entero comenzó a moverse fruto de nuestros envites. Aroa temblaba espasmódica por el placer de nuestra combinación de estímulos. Su coñito se licuaba fruto de la follada que, cada vez mas violentamente, le propinaba su nuevo cliente. Su boca dejaba escapar un reguero de saliva por la postura forzada de su mandíbula al tragar todo mi miembro y por el efecto mordaza de aquella felación.
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