Continuación de Octubre en el Yumbo. Historia real, con nombres ficticios y la aprobación de los tres.
La música sonaba más fuerte que otras noches, y las luces de Halloween convertían el Yumbo en un laberinto de colores. Entre vampiros torpes y cowboys improvisados, Daniel apareció, sonriendo con esa mezcla de nervios y decisión que ya le conocía.
—Al final viniste —le dije, levantando mi copa.
—Sí, pero me costó —respondió, acercándose—. No sabía si sería buena idea.
Marcos, disfrazado de pirata, se rió.
—Las mejores ideas suelen empezar así.
Daniel se relajó poco a poco. Tenía una máscara colgando del cuello, la camisa desabrochada, y una mirada que no se quedaba quieta: pasaba de Marcos a mí, curiosa, divertida, casi desafiante.
Nos pusimos a hablar, a reírnos de los disfraces, a comentar la gente que bailaba cerca. Había algo distinto esa noche: los tres sabíamos que jugábamos con fuego, pero ninguno parecía querer apagarlo.
—Os juro que esta semana pensaba en escribiros y no sabía qué poner —confesó Daniel—. Pero esos mensajes me dejaron con ganas de más.
—De conversación, claro —bromeó Marcos, alzando la ceja.
—Sí, de eso también —respondió Daniel, con una sonrisa que decía lo contrario.
Nos quedamos los tres apoyados en la barra. El aire olía a ron, a perfume y a algo difícil de describir. Había silencios que decían más que cualquier frase. Miradas que se cruzaban un segundo de más.
Daniel jugaba con su vaso, rozando de vez en cuando mi brazo al hablar. Marcos hacía comentarios que disimulaban mal la tensión. Todo era ligero, pero cargado de algo que flotaba entre nosotros.
—¿Sabes? —dijo Daniel de pronto, bajando la voz—. Os envidio. No por estar juntos sino por vivir sin tanto miedo. Ojalá los demás fuéramos así.
Nadie contestó. Solo sonreímos, sabiendo que en el fondo entendíamos perfectamente lo que quería decir.
La música cambió; un DJ disfrazado de demonio puso un remix de “Loco por ti”. Daniel rió y levantó su copa.
—Por las locuras que aún no sabemos si vamos a cometer.
Chocamos los vasos. La noche siguió, suspendida en ese punto exacto donde nada pasa pero todo podría pasar.