Llegue pronto a la cafetería y él ya estaba ahí, gafas de pasta, ropa deportiva media sonrisa, pelo negro alborotado. Estoy muy nervioso.
-¿Qué tal, cómo estas? me dice mientras da unos toques en el asiento contiguo, obedezco.
Hace una seña al camarero para que nos atienda.
-Un café para mi y una piña colada para él. Dice sin dejar que yo pueda pedir. Me guiña un ojo ante la broma.
Señala mi anillo de casado.
-Esto me parece una falta de respeto.
-¿Por ella? pregunto extrañado, nunca había mostrado el más mínimo interés en mi vida amorosa.
Baja la voz y me mira de reojo.
-Habíamos acordado que hoy serás totalmente mío, durante 4 horas, un experimento dijiste, ¿Te vas a rajar?. Me dan ganas de decir que sí, que me rajo, que quiero salir corriendo, esto no es para mi.
-No claro que no, contesto.
-Pues métete eso donde te quepa. Me quito la alianza y la guardo en el bolsillo, me da un leve manotazo.
-¿Qué haces?
-Guardarlo, es una falta de respeto.
-He dicho MÉTETELO donde te quepa. Me dice mirándome fijamente. Abro mucho los ojos, no puedo creer lo que me está pidiendo.
-Ve al baño y vuelve cuando lo hayas hecho. Voy al mugriento servicio de la cafetería (la búsqueda del anonimato tiene estas cosas), me tiemblan las manos, me quito el anillo y lo enjabono, me meto en el servicio, nunca he hecho esto... bueno, será cómo un supositorio, duele, pero menos de lo esperado, tengo una erección tremenda, trato de ocultarla agarrando la polla con el cinturón del pantalón al subírmelos.
Sonríe al ver mi cara de incomodidad, se acerca a mi oído.
-Buen chico, espero que te esté molestando.
-Sí. Contesto agachando la cabeza. Me embarga un fuerte sentimiento de vergüenza, no me gusta hacer esto, no me gusta ser deshonesto, no me gusta que me humillen... pero no puedo evitarlo.