Me gustaría empezar hablar de los sitios de cruising que conozco y contar alguna experiencia vivida. Alguna ya he contado en algún que otro relato, sería imposible hablar de todas las cosas que he hecho, en sitios de cruising, ya que daría para mucho para muchos tomos. Pero bueno puedo contar algunas.
Este lugar lo descubrí cuando tenía dieciséis años, está en el polígono de Güímar., yo estaba recién llegado a la isla y mi experiencia sexual, había sido con dos tíos y una tía, con la tía, descubrí lo que es el sexo oral, ese verano me quede en casa de mi tía y ella era amiga de mis primas, se fue a mi cama de madrugada y me empezó a tocar, mi polla se puso muy dura y se la metió en la boca, luego subió hacia mí, nos besamos, cogió mi mano y la metió en sus bragas empujando mis dedos hacia dentro, recuerdo que tenía la sensación de mi pene iba a reventar. Yo estaba muy nervioso y le toque sus pechos y al rato baje y vi mi primera vagina, le pase la lengua muy suavemente y ella me dijo que la besara como la había besado en los labios, aunque duro muy poco tiempo, fue mi primera experiencia con el sexo, esto paso siendo muy jovencitos, yo no sabia aun que te podías tocar pajas y me daba mucha vergüenza decirle que no sabia.
La vez que hice casi de todo fue con un barbero negro en la cocina de mi abuela, una experiencia muy excitante y con mucho morbo que algún día escribiré con detalles, él tenía una gran polla y quería penetrarme, pero nunca me dejé porque me daba miedo.
La vez que disfrute con un chico fue con alguien de mi edad en esa época, nos besamos, nos chupamos y el intento metérmelo pero solo la puntita me dolió y le dije que no quería.
En esa época también descubrí con un amigo la masturbación y fue algo muy grande, tocarme y ver a otros chicos tocarse, incluso tocar su semen... Buenos recuerdos, pero esas historias algún día las escribiré ya que me gustaría tenerlas plasmadas para no olvidarlas nunca.
Esta historia empieza un viernes antes de empezar las vacaciones de semana santa en el colegio, salí a dar un paseo por la tarde, después del almuerzo y paso a mi lado un coche muy lentamente, cuando lo mire era un tío, calvo, grande, con unos dientes muy grande y unas manos hermosas, note que bajo la velocidad y decidí seguirlo, se bajó del coche tocándose el paquete y sonriéndome lo seguí un poco, pero me dio miedo ir más adelante, en esa época era tímido y algo miedose para algunas cosas.
Duré ese día y el siguiente pensando, en ese hombre y la curiosidad que me daba ese lugar, ya que el hombre calvo llevaba cholas y mochila y yo pensé pues habrá una gran playa tengo que investigar. Pues mi familia en semana santa siempre ha sido de salir y compartir en familia y más cuando eres nuevo y no conoces ni a la mitad. Fuimos a misa ese domingo de ramos, almorzamos en casa de una hermana de mi abuela, había mucha gente y planeando que hacer las vacaciones y en donde reunirnos. Yo desesperado por llegar a la viuda, a casa, para irme a investigar, recuerdo que ya era tarde, sobre las seis sería, ya que estaba de día y la tarde estaba fresca, justamente cuando fui a entrar al camino para ir a la playa y girar a mano izquierda me encontré con un hombre, me llevé un gran susto.
No seguí mi caminata ya que el me pregunto cómo estaba yo le respondí y empezamos hablar de todo un poco. Él era un hombre alto, como un metro ochenta más o menos, de unos veinticinco años aproximadamente, delgado, ojos muy verdes, sus dientes era un poco amarillos y algo separados y yo lo asocie a los porros, ya que tenía uno en la mano, llevaba una gorra negra quemada por el sol, un polo verde viejo y unos vaqueros rotos manchados de pintura, me enseño sus manos que también tenían pintura, tenían sus manos con grietas de trabajo y las venas las tenía muy marcadas, tanto la de las manos como la de sus brazos. Había venido a ese lugar a fumar y a relajarse ya que tenía una semana por delante de cáncamos por semana santa, me ofreció porro pero no quise y me explico lo que eran, me dijo cosas de la isla que tenía que ver, al rato le saque el tema de la zona y que había debajo, me conto que eran playa y que la gente tomaba sol desnuda, que normalmente iban hombre, pero alguna vez iban parejas, se ofreció a enseñarme el lugar y yo acepte, no fuimos a la derecha, por donde fue el hombre calvo, fuimos a la izquierda, bajamos por un caminito, luego por unas rocas y eso nos llevó al camino, él fue delante y yo le seguí, nos metimos en una cueva de piedra de tosca que hay, seguimos con nuestra conversación, hasta que yo noté que se empezó a tocar el paquete, tiro el porro, ( creo que era el tercero o cuarto que se fumada) y noté que su pantalón abultaba algo muy grande, él me vio tímido y me dijo si quería tocar, yo sin dudarlo lo toque. Me dijo si le gustaba y si quería ver mas, yo estaba encantado y le decía enséñame que quiero aprender, su reacción fue una gran sonrisa.
Se quitó el polo y vi su pecho, era delgado pero fuerte, trabajaba la construcción por ese ese cuerpo duró, me quito mi camisa y me apretó el culo con fuerza empujándome hacía él, yo enseguida busque su boca, no me gustó mucho el sabor a porro, pero disfrute su lengua dentro de mí. Mientras nos besábamos abrí el botón de su vaquero metiendo la mano y tocando su pene, él hizo lo mismo bajando del todo mis pantalones, tocando mis nalgas con fuerza y pasando sus dedos por mi ano. Yo baje sus pantalones y calzoncillos y observe su cuerpo, era la primera vez que veía a otro hombre desnudo y alucine contemplándolo, desnudo era aún más blanco, se quitó la gorra y era calvo, su cuerpo tenía las venas brotadas al igual que sus manos y brazos, su polla era hermosa, de unos veinte centímetros, gruesa y en punta, cuando echabas el prepucio hacía atrás, el glande era rosadito y puntiagudo, botando gotitas transparentes. Me tocaba mis labios y me decían que eran grandes y carnosos que eran ideales para mamar, que si quería intentarlo, yo le dije que sí, pero que no sabia muy bien como hacerlo, me dijo como hacerlo y que sobre todo tuviera cuidado con los dientes, me puse de rodillas y le metí en mi boca, yo la saboreaba como si fuese un corneto, él me decía que era un chico aplicado y que aprendía rápido, dure rato chupándosela, hasta que me puso de pie, me beso, se puso de rodillas y me la chupo a mi, mi sensación fue indescriptible, mientras me la chupaba iba metiendo sus dedos en mi culo y me decía tengo que probarlo, me dio la vuelta y paso su lengua por mi ano, fue una sensación única, intento meterla pero yo no me deje, era muy grande y tenía miedo.
Al rato y sin darnos cuenta estábamos totalmente desnudos, tocándonos, chupando nuestros penes, nuestros pezones, nuestros sobacos, yo me corrí en su mano, me dijo que muy buena corrida, yo me agaché y seguí chupándosela hasta que se corrió, se corrió en mi boca, fue algo maravilloso sentir que ese liquido entraba en mi boca y la sensación al tragarlo, él me puso de pie me beso y me dijo que, si me había gustado su leche, yo le dije que sí y quería más. Esa semana nos vimos dos veces más.
Los años alguna vez nos han unido, de alguna manera y en algún que otro lugar, en donde hemos compartido leche con más personas. Ese fue la historia de mi primera vez en San Marines.