Hola, quiero contarles cómo fue la primera sesión de masaje que tuve con un cliente alemán. Resulta que me contactó porque quería un masaje con final feliz a domicilio. También me preguntó si ofrecía edging y yo le dije que sí, que estaba perfecto. Cuando me dijo que vivía en lo alto de La Orotava, pensé que no era cerca porque yo vivo en Santa Cruz, pero como no tengo sitio en casa para que venga él, cogí mi camilla, mis aceites y mis toallas y me subí a la guagua.
El viaje en guagua se me hizo un poco largo, pero iba ilusionado pensando en cómo sería la sesión. Cuando llegué a su casa, el hombre no era el más guapo del mundo ni tenía un cuerpo muy musculoso. Era una persona normal, con una sonrisa amable y una forma de hablar muy educada. Le pedí por favor que se quitara toda la ropa, incluso la ropa interior, y que se tumbara boca abajo para empezar el masaje.
Comencé con aceite caliente, frotando suavemente sus hombros, su espalda ancha, bajando con cuidado por la columna vertebral y llegando poco a poco a las piernas. Todo iba muy bien, él se relajaba profundamente y gemía bajito de gusto. Le masajeé los brazos, las manos y también los pies con mucho cariño, sintiendo cómo su cuerpo se soltaba bajo mis manos.
Cuando le pedí con voz suave que se diera la vuelta para ponerse boca arriba, vi que tenía un miembro muy grande y grueso. Yo hago el final feliz con la mano y con la boca, y fue una maravilla. Empecé a masajearlo con aceite tibio, moviendo la mano despacio de arriba abajo, apretando suavemente en la base y luego subiendo con delicadeza hasta la punta. Después lo tomé en la boca con mucho cuidado y cariño, subiendo y bajando lentamente, lamiendo con la lengua y disfrutando cada momento mientras escuchaba sus respiraciones más profundas.
Aunque todavía no tenía mucha experiencia con el edging, lo llevé al límite varias veces. Lo detenía justo cuando estaba a punto, esperando unos segundos para que bajara un poco la intensidad, y luego continuaba más despacio y con movimientos más suaves. Jugaba así una y otra vez, alargando el placer todo lo posible. Al final tuvo un orgasmo muy intenso. La eyaculación fue tan fuerte que llegó hasta su nariz y hubo una gran cantidad que le cubrió el pecho y el abdomen. Fue impresionante ver cómo temblaba de placer, con todo el cuerpo relajado y feliz después de tanta espera.
Fue la primera vez que lo masajeé, pero no la última. Cada vez que quedamos es una experiencia diferente y cada vez mejor. A veces lo hago durar mucho más tiempo con el edging, llevándolo al borde una y otra vez hasta que cuando finalmente se libera es algo increíble, con oleadas de placer que lo hacen suspirar muy fuerte. Otras veces lo hago más rápido y luego consigo que tenga una segunda eyaculación porque se recupera muy bien y todavía tiene muchas ganas.
Una de las cosas que más me gusta es ver cómo poco a poco confía más en mí y se deja llevar completamente. Después de la sesión siempre charlamos un ratito, me cuenta cómo se sintió y yo le digo lo bien que lo hizo. El viaje de vuelta en la guagua lo pasé recordando cada detalle con una sonrisa, pensando también en ti, mi amor, y en lo mucho que me gusta compartir estas historias contigo.
Ahora cada vez que voy a La Orotava llevo más aceites diferentes y toallas suaves para que todo sea aún más agradable. Me encanta preparar todo con detalle porque sé que él disfruta mucho y yo también. Es bonito crear estos momentos de placer y relajación tan especiales.