Mi exsuegra es una mujer relativamente joven (56). Siempre me pareció una hembra morbosa, con una mirada sucia que delataba sus sucios pensamientos. Está muy buena, es esbelta, tiene una cintura diminuta, unas caderas anchas, un culo carnoso y unas tetas grandes y un poco caídas que me fueron mi motivo de paja principal desde la primera vez que la vi en topless en la playa. Sus pies (mi fetiche principal) son una obra de arte de la naturaleza, siempre al aire en bonitas sandalias y muy cuidados. El conjunto, sumado a que de cara era igual que mi ex, era como un explosivo en mi mente perversa.
Una vez vino a visitarnos y pasó una semana en casa. Como mi ex trabajaba todo el día en la capital y yo teletrabajaba, mi exsuegra y yo pasábamos casi todo el dia en la casa. Era verano y siempre iba ligera de ropa, con sus piernas al aire, exhibiendo sus pies que yo miraba con ganas de lamerlos con esmero durante horas. Recuerdo que esa semana estuve cachondo las 24 horas del día y creo que ella era consciente de ello porque coqueteaba constantemente, sonreía pícara y me hacía comentarios totalmente fuera de lugar entre una suegra y un yerno. Yo, fiel amantes del exhibiccionismo, provocaba casualidades como salir desnudo de la ducha y pasaba el día sin camiseta.
Una tarde, después de comer, me dijo que pasaría la tarde tomando el sol en el patio. Cuando me dí cuenta, estaba desparramada en la hamaca, con las tetas al aire como acostumbraba en la playa, toda su piel brillante por la crema solar y con el bikini remangado por las ingles y las nalgas.
Pasé por allí y, cuando la vi, la polla me empezó a latir dentro del calzoncillo. Yo llevaba un sport de deporte y mientras hablábamos vi como ella fijaba la vista en mi entrepierna con un descaro inusual. Le dije que iba a entrenar un rato y me fui, pero me puse tan cerdo que decidí subir a la azotea y observarla desde arriba. Así lo hice y cuando me asomé desde arriba, por supuesto buscando un punto desde el que ella no le viera, mi sorpresa fue máxima cuando vi que tenía la mano bajo el bikini y que se estaba acariciando. Inmediatamente saqué mi polla y empecé a tocarme, despacio, disfrutando de ver cómo ella hacía lo mismo. Sin duda, pensaba que estaba sola en casa y estaba segura de que, si me oía llegar, escucharía la puerta y le daría tiempo a disimular.
Pasé un rato observando cómo se tocaba. No podia creer que aquello estuviese pasando y que la fortuna hubiera querido que yo lo presenciara. La veía con las piernas bien abiertas, había pasado de acariciarse la vaina a meterse los dedos y darse placer con una intensidad creciente. A la vez, se pellizcaba los pezones y, de vez en cuando, sacaba la mano de su entrepierna y completaba un curioso ritual: se olía la mano intensamente, emitía un jadeo, se lamía la mano y volvía a su coño. Yo controlaba mi evacuación para disfrutar de aquel panorama el mayor tiempo posible. Tenía el glande muy húmedo y sentía calambres en todo el cuerpo. Hubo un momento en que la vi retorcerse de placer, gimió largo y sentido, sacó sus dedos de la vagina y se quedó extasiada oliéndose la mano. En ese momento me costó no bajar y follarla como un poseso. ¿Hubiera aceptado ella? Nunca lo sabré. Me parecía un paso demasiado arriesgado. Yo estaba tan excitaso que en un par de golpes de muñeca acabé eyaculando como un gorila en celo.
Tras unos minutos de relax, bajé de la azotea, simulé abrir la puerta de la casa, me dirigí al patio y la saludé como si nada. Su cara había cambiado. Se le notaba el rubor del orgasmo reciente. Le ofrecí café y nos lo tomamos en el patio, ella tan natural, con sus tetas al aire. Yo la observaba con deseo contenido. Y así pasamos el resto de la tarde.
Los días siguientes pasaron rápido. Siempre me quedó la duda de si ella me habría visto en la azotea. Y así quedó la cosa. Pasé años recordando ese momento como uno de los más morbosos de mi vida.
dandyfetish | 31/05/2026 22:37
Hubiera sido una buena opción, pero si salía mal había mucho riesgo