Pedro se tumbó boca abajo sobre la camilla. Intentaba luchar por no quejarse pero era evidente su dolor reflejado en la cara. - Gracias por venir a estás horas, de verdad, porque no sé cómo iba a poder pasar la noche.- dijo Pedro. - Tranquilo, es mi trabajo, a ver si después de tratarte consigo por lo menos que te alivie y puedas dormir. -contesté. Comencé a colocarle unos electrodos para aflojar los posibles nudos. Fueron 20 minutos en los que, mientras el aparato hacia su función, yo observaba el culo y las piernas fuertes de Pedro. Si espalda bien definida y sus brazos musculados. Él no podía verme porque su cabeza yacía dentro del agujero de la camilla. Cuando pasó este tiempo se los quité y comencé la terapia manual. Se oían pequeños quejidos de dolor y alivia mientras yo iba desbloqueando toda la zona lumbar. Cuando terminé pude observar que su cuerpo estaba sudoroso. -Ya puedes levantarte, te ayudo, pero muy despacio que igual te encuentras mareado. - Uff si, y tengo sudores fríos. Creo que por el dolor - se quejó Pedro. - Sí, deberías darte una ducha templada e intentar dormir. Mañana seguro que te encuentras mejor - le aconsejé. - Lo haría, pero mi hermana ya no puede venir hoy. Sé que ya es un abuso pedirte esto, pero ¿te importaría esperar mientras me ducho? Así estaré más tranquilo. - Vale, venga te espero.