Ven a tomar café

Ven a tomar café

Cuando me escribió que su mujer estaría fuera unos días, supe exactamente lo que significaba. No hacía falta decir mucho más. Llevábamos demasiado tiempo jugando a ese juego silencioso entre miradas, mensajes a medias y encuentros breves que siempre terminaban antes de cruzar la línea.

Pero esa tarde iba a ser distinta.

Quedamos en su casa, como si fuera lo más normal del mundo. “Ven a tomar un café”, había dicho. Pero los dos sabíamos que el café era solo la excusa.

Cuando llegué y pulsé el timbre, escuché pasos al otro lado de la puerta. Al abrirse, me quedé un segundo en silencio.

Ahí estaba él.

Solo llevaba un delantal de cocina.

Nada más.

El delantal apenas cubría lo justo, y su sonrisa tranquila parecía disfrutar de mi reacción.

—Pensé que así el café sabría mejor —dijo con total naturalidad.

Intenté mantener la compostura, aunque notaba cómo me recorría una mezcla de sorpresa y deseo. Desde dentro llegaba el aroma del café recién puesto al fuego.

Entré despacio.

—Si vamos a tomar café habrá que hacerlo en igualdad de condiciones —murmuré.

Su mirada cambió al instante, más intensa, más curiosa.

Sin apartar los ojos de los suyos, dejé mi ropa sobre una silla hasta quedarme igual que él, solo con un delantal que encontré colgado en la cocina. Durante unos segundos ninguno de los dos habló.

Nos mirábamos.

Demasiado.

El café empezó a burbujear en la cafetera mientras nosotros fingíamos una calma que claramente no existía. Nos movíamos por la cocina como si todo fuera normal: tazas, azúcar, cucharillas pero cada gesto estaba cargado de algo que los dos sentíamos.

El pacto estaba claro.

Nada de cruzar la línea.

Nos sentamos frente a frente con las tazas entre las manos, intentando hablar de cualquier cosa, aunque la conversación se rompía cada vez que nuestras miradas se encontraban demasiado tiempo.

Había algo tremendamente provocador en esa distancia.

En saber que podíamos pero no lo haríamos.

En cómo nuestros ojos recorrían el cuerpo del otro sin disimular demasiado.

En ese juego silencioso que hacía que cada segundo se sintiera más intenso.

Y mientras bebíamos café, fingiendo normalidad, los dos sabíamos que lo más peligroso de esa tarde no era lo que estaba pasando

sino lo cerca que estábamos de dejar de cumplir el pacto...

Publicado por: mageb
Publicado: 08/03/2026 23:03
Visto (veces): 590
Comentarios: 4
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Comentarios (4)

danilopez | 18/03/2026 13:50

Cuando tomamos café?

jugueton74 | 12/03/2026 23:35

Me gusta la alusión al café, una amiga y yo, le llamábamos así al quedar para follar...

2super2 | 12/03/2026 21:04

Qué situación tan morbosa

elcanario66 | 12/03/2026 12:36

Qué erótico deber ser eso de tener puesto sólo el delantal.

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