Habíamos hablado por la página y aunque era un sitio frecuentado por mi cada día, ese día estaba especialmente inquieto. Quedamos a eso de las 9:30 después de su consulta con el especialista. La cafetería de la facultad de medicina estaba atestada de pijamas verdes y batas blancas. Colgaban muchos fonendos y asomaban bolígrafos y algún papelillo de esos bolsillos de las batas blancas Yo me senté y en una mesa iba mirando el móvil con ansiedad. Iria a la cita? En medio del bullicio saludé a algún cliente, cuadre alguna presentación y gasta me llegaron a citar para una próxima cirugía. Explico que mi trabajo consiste muchas veces en asistir a cirujanos dentro de los quirofanos como especialista de producto e implantes. Como decía. El bullicio de las bocas y de las manos alzadas cogiendo casi al vuelo cafés, zumos y bocadillos se tornaban en bailes rítmicos del kais propio de un zoco árabe. Seguía ensimismado en mis cosas y de pronto una voz serena, pausada y dulce se dirige a mí diciéndome hola. Al.alzar la vista me tropiezo con una mirada preciosa acompañada de una sonrisa. Mi salto de la silla fue instantáneo y nos dimos dos besos. Fue justo en ese momento cuando el silencio se hizo para mí. Solo tuve oídos para escucharla y para hablar. No recuerdo ya que tomo ella, ni si quiera yo. Solo se que hablamos de casi todo y de a qué nos dedicábamos cada uno. Hubo tensión y eso se notaba en los dos. Estábamos deseosos de salir de allí a empezar a desnudarnos para poder disfrutar el uno del otro. No podía ser porque ella tenía que volver a su puesto de trabajo y yo proseguir con el mío. Quedamos en volver a hablar y lo hicimos. Pero aunque había ganas ella cambio empezó una relación y no pudo ser. Yo aún me acuerdo de aquella cita llena de sensualidad y dulzura.