REGLAS ROTAS

REGLAS ROTAS

“Que usted esté bien.”
Así se despedía él.
Y quizá fue precisamente eso lo que terminó de atraparme. Horas antes me había hecho perder por completo la compostura con un anal de bienvenida bajo la mirada divertida y cómplice de su mujer, y aun así seguía conservando aquella elegancia tranquila, aquella educación impecable de hombre correcto.
¡Ese contraste me resultaba tan excitante!
Porque frente a toda teoría del mundo liberal, esta unicornio había encontrado algo parecido a una pareja fetiche. Sin exclusividades absurdas. Sin promesas. Solo el deseo de seguir viviendo experiencias capaces de quedarse adheridas a la memoria como un tatuaje.
Todo había comenzado en el Plan B, entre conversaciones imposibles. Me fascinaba cómo podíamos pasar del David de Miguel Ángel al deseo más descarado, sin romper jamás la conexión intelectual. Necesito que mi mente arda antes que el cuerpo.
Ella me sonrió divertida.
“Hoy él tiene mucha hambre de las dos”.
Y aquella frase me atravesó.
Lo miré sosteniéndole la mirada con un descaro que no siempre permito salir. Esa otra mujer en mí (menos correcta, menos prudente, menos “señora”) disfrutaba provocándolo.
¿Y qué más quieres tú?
Mi pregunta lo descolocó. Lo vi sonreír con su adorable timidez, como si no esperara que yo fuera capaz de desafiarlo así delante de ella.
Y entendí algo importante: hay momentos que encienden mucho más que cualquier roce. Ese fue uno de ellos.
Después llegó el club. Yo tenía una petición. Solo una.
Quería entrar con él en medio y una mujer a cada lado. Quería sentir el efecto de nuestra entrada. Ver cómo otros hombres intentaban descifrar qué tenía aquel hombre para caminar así, rodeado de dos mujeres que parecían disfrutar exhibiéndolo.
Aceptó. Y la escena quedó grabada en mí para siempre.
 
Entramos sujetándolo cada una de un brazo mientras el fotógrafo del club giraba casi al instante hacia nosotras. Había algo magnético en aquel momento, elegante y perverso al mismo tiempo. No llegamos a pedir la primera copa.
Nos pidió unas fotos. Aceptamos. Él, divertido, hizo pasar a otra pareja a la habitación y ambas se desnudaron. Me colocó en medio. Y sentí cómo mi parte más correcta, la más educada y contenida, desaparecía poco a poco frente a aquella versión mía infinitamente más salvaje y bisexual.
Y cuando finalmente nos quedamos solos los tres, empezamos a fluir, a compartirnos.
Tengo muy claro mi papel de invitada, de fantasía ocasional pero.. para ellos mi placer también importa.  Por eso dejé de obsesionarme con acumular reseñas en mi perfil. Prefiero acumular experiencias como esta. Noches que merecen ser recordadas. Y, sobre todo, escritas.

Publicado por: purepleasurex
Publicado: 23/05/2026 20:06
Visto (veces): 333
A 25 personas les gusta este blog
Nuestra web sólo usa cookies técnicas para el correcto funcionamiento de la web. Más información