Raquel y Cristian

Raquel y Cristian

Había ido a su casa después de haberme acostado con Cristina unos días antes, la más lesbiana de ellas, en lo que a estereotipos se refiere. Esa noche estaban Cristina y Raquel, su pareja. Yo ya andaba nervioso por lo que se podía avecinar en aquella velada. Empezamos con unos juegos de mesa bastante inofensivos, que no invitaban a querer ir más allá, pero, sin embargo, hacían más amena la situación y que mis nervios fueran mitigándose. Eran dos chicas súper agradables y abiertas de mente. Había conocido a Cristina por una app de citas y no podía haber ido mejor la primera quedada. 

Conforme fue transcurriendo el tiempo, fuimos hablando de temas más picantes, hasta que acabamos con los juegos de mesa y decidieron pasar a un juego de cartas que consistía en hacer una pregunta o un reto según la carta que saliera. Sus preguntas tuvieron que ver con si yo esperaba hacer un trío esa noche con las dos, a lo que asentí sin dilación. También en que si las hubiera visto por la calle me hubiera fijado en ellas. Se produjo otra afirmación por mi parte. Cristina era de estatura normal en una mujer. Llevaba rastas canelas amarradas en la coronilla formando un moño y su piel era de un blanco casi albino. Tenía una mirada azul llena de luz. Ya había contemplado su cuerpo desnudo. Tenía una buena figura, acompañada de unos pechos no muy grandes, pero turgentes y en su sitio correspondiente. Se notaba que hacía deporte por el culo respingón y sobrante de glúteos que poseía. Por su parte, Raquel era alta, debía rondar casi el 1’80. Su cabello azabache le rondaba sobre los hombros y portaba una sonrisa preciosa. Era muy risueña. Tenía algo de sobrepeso, de todos modos, acompasaba perfectamente con lo esbelto de su cuerpo. Sus pechos eran bastante voluptuosos, había con lo que entretenerse, y su culo, encerrado en un short bastante sugerente, me hacía pensar en que podría recibir varios azotes sin problema. 

Los retos fueron encendiendo el ambiente, besos unos con otros, entre ellas, desabrochar sujetadores, aguantarlas encima de mis mulos sin empalmarme. Aunque estaba cansado, porque era tarde, yo ya me subía por las paredes. Estábamos en el salón. Las dos se colocaron cada una a un lado y comenzamos a besarnos. Los besos eran lentos y, a la vez, intensos, con mucha lengua. De esos en los que puedes estar horas sintiendo el calor y las ganas de la otra persona. Pasamos a su habitación y entre más besos y caricias, fuimos sacándonos la ropa. Yo estaba durísimo. Mientras Cristina continuaba trabajando con mi boca, Raquel bajo unos centímetros hasta encontrarse con mi polla. Fue pasando la lengua poco a poco alrededor del capullo hasta finalmente rodearla con sus labios y bajar y subir constantemente. La chupaba de maravilla. Luego se intercambiaron los papeles, Cristina pasó a mamármela y Raquel a besarme por el cuello y la boca. Cristina lo hacía algo peor, se notaba que no era su parte preferida del sexo. Me di cuenta por lo que le dije que viniera otra vez. Se sentó encima de mi cara y empecé a devorar ese jugoso coño. Raquel por su parte volvió a poner su boca en mi sexo. Se notaba que disfrutaba haciéndolo. Ninguno de los tres paraba de emitir tenues gemidos. Como recompensa a mi trabajo en sus partes, Cristina se unió a su pareja y las dos empezaron una doble mamada de cine. Esta vez Cristina puso más esmero y mi polla lo agradeció. También quería darle placer a Raquel y así la hice venirse hasta mi cara para degustar ese coño de labios salientes. Llegó el momento de la penetración. Las dos se tumbaron boca a arriba y fui follándolas por turnos mientras ellas se comían la boca la una la otra. Luego Raquel me montó como una vaquera, mientras Cristina se posaba en mis labios otra vez, formando un tándem muy placentero. De manera similar a lo anterior, se colocaron a cuatro patas y fui embistiéndolas una a una mientras gemían acaloradamente. Cada vez que bajaba el ritmo, aprovechaba para azotarlas, agarrar sus pechos y cogerlas del cuello para llegar hasta sus bocas y relamerlas. Me puse de lado detrás de Cristina para follarla, en lo que Raquel se tumbaba en frente de ella mientras se restregaba sus partes la una con la otra. Fue un momento muy sensual que tengo grabado en mi mente. Llegó el momento del culmen: ellas extasiadas, comenzaron a masturbarse la una a la otra, mientras yo como espectador me la sacudía vislumbrando el magnífico espectáculo. Se corrieron por segunda vez en la noche y al oír sus gritos de júbilo, no pude evitar soltar un chorro de lefa que alcanzó sus cuerpos sudados producto del maravilloso sexo. 

Volvimos a repetir a la mañana siguiente y otro día posterior después de haber estado en la playa. Luego decidieron cortar con la relación sexual y empezar una de amistad que dura hasta el momento presente.

Publicado por: adalid
Publicado: 29/05/2026 12:47
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Comentarios: 1
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Comentarios (1)

rjmencey | 18/06/2026 17:03

Si la historia es real... que tío con suerte y que siga el buen rollo

adalid | 18/06/2026 18:06

Gracias amigo!

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